A poco más de un mes de la aprobación del DREAM Act en Nueva York, aprobado en la legislatura estatal este año, unos 5,500 estudiantes han solicitado obtener los beneficios escolares de este programa, aseguró Guillermo Linares, presidente de la Corporación de Servicios de Educación Superior de Nueva York.
Linares, quien también fue el primer legislador que presentó el proyecto de ley en el 2011, además señaló que el programa está superando las expectativas. “Estamos muy contentos y esto ha sido gracias al esfuerzo de muchas organizaciones no gubernamentales”, dijo, y añadió que la información personal de los solicitantes está protegida y que el gobierno federal no tendrá acceso a la base de datos.
“No se va a poder distinguir entre un joven indocumentado o un ciudadano estadounidense que esté en nuestras universidades, ya sean públicas o privadas”, aseguró Linares.
Para el legislador, el mayor reto para el desarrollo de la comunidad inmigrante en el estado está muy ligado a optar por la educación superior y tener más participación en la sociedad. “El 65% de las plazas importantes de la fuerza laboral requieren hoy día un título universitario de dos a cuatro años, lo que quiere decir que cuando tienes una comunidad educada y preparada para enfrentar los retos que nuestros vecindarios, nuestras ciudades, nuestro estado y que el país necesita, mejor podremos enfrentar los retos que tenemos ya sean ambiental, de desigualdad, o ya sea para mejorar la calidad de vida”, agregó.
Los estudiantes indocumentados que quieran solicitar los beneficios del DREAM Act y otros 27 programas de ayuda que ofrece el estado de Nueva York, pueden visitar la página web https://www.hesc.ny.gov/dream/.
El DREAM Act en el estado de Nueva York
El DREAM Act (Ley de Desarrollo, Alivio y Educación para Menores Extranjeros en español) lleva el nombre del fallecido senador estatal José Peralta, quien fue uno de los propulsores del proyecto. El programa tiene como finalidad otorgar ayuda financiera universitaria a aquellos estudiantes que llegaron siendo niños a los Estados Unidos y que no tienen documentos, siempre y cuando puedan comprobar que residen en el estado de Nueva York.
El programa amparara a los estudiantes que tienen DACA, también conocidos como 'DREAMERS'.
En el presupuesto del 2019, el estado de Nueva York destinó 27 millones de dólares para el funcionamiento del DREAM Act.
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Javier Hernández Kistte tiene 27 años y vive en Los Ángeles. Llegó a EEUU desde la Ciudad de México cuando tenía ocho años y se graduó en la Universidad de California en Irvine. Contó a la agencia Reuters que ser beneficiario de DACA le ayudó a trabajar para pagar sus estudios. "Mis padres todavía son indocumentados y como familia luchamos con la ansiedad de que puedan ser deportados en cualquier momento”, agregó.
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Hernández Kistte en su lugar de trabajo, una empresa producción de efectos especiales de Los Ángeles. “La ansiedad ha aumentado con la incertidumbre de que mi hermano y yo regresemos a un estatus de indocumentados. No se trata solo de nosotros. Sé que hay personas que están dispuestas a negociar por nuestro derecho a estar aquí, pero que harían de la vida de otros una pesadilla. No quiero eso", concluyó.
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Martha Valenzuela tiene 23 años y llegó a los dos años desde Sinaloa, México. Se graduó en la Universidad del Estado de California. Sobre el fin del programa DACA del cual es beneficiaria dijo a Reuters: “Me rompió, es traumático porque he vivido en este país durante 21 años. Todos queremos un camino hacia la ciudadanía, todos queremos protección permanente para nosotros y nuestras familias”.
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Valenzuela trabaja en una empresa en Orange, California. “La razón por la que este país nos etiquetó como ‘soñadores’ es porque queremos algo que parece que fuera inalcanzable. Si podemos soñarlo, podemos lograrlo. Se necesitan agallas para soñar y se necesitan agallas para luchar por ello", concluyó Valenzuela.
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Bárbara Hernández tiene 26 años, vive en Santa Ana y se graduó en la Universidad Comunitaria de Orange Coast en California. Llegó a EEUU desde la Ciudad de México cuando tenía seis años. Trabajaba como maestra de educación especial hasta que DACA fue derogado por el nuevo gobierno. "Ese fue el trabajo más gratificante y amoroso que he tenido, pero con este gobierno y el fin de DACA estaba muy asustada ”, aseguró la dreamer.
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Hernández participa en las protestas en Los Ángeles a favor de una legislación para los dreamers. "Tuve una etapa de pánico y estaba deprimida", agregó. "Me preocupa cómo se sienten los beneficiarios de DACA y su estado mental. Me gustaría ver una protección permanente no solo para nosotros, sino también para los otros 11 millones de inmigrantes sin documentos".
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Karla Estrada tiene 26 años, vive en Los Ángeles y es graduada de la Universidad de California. Es asistente legal y se prepara para ingresar a la Escuela de Leyes. Llegó a EEUU desde Morelos, México, cuando tenía cinco años. "DACA siempre ha sido muy problemático y temporal, no es lo ideal. Nos ha dado la libertad de trabajar, legalmente, sin temor a que en tres meses nos despidan porque no tenemos un número de seguridad social”, afirmo la soñadora.
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Estrada vive en un apartamento en Los Ángeles y su familia permanece en México. “Tengo que cuidarme en este país, pero también tengo que cuidar de mi mamá, mi papá y mi hermano que están en México. Lo que más me asusta es no poder cuidar a mi familia (…)”, concluyó.
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Brian Caballero tiene 25 años y está a punto de graduarse en el Politécnico de California en Pomona. Llegó a Estados Unidos cuando tenía seis años desde Guadalajara, México. Asegura que está preocupado por el fin de DACA: "Me aterroriza que cuando finalmente me gradúe no pueda ser empleado en EEUU”.
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Caballero en una clase de laboratorio del último año de la carrera de Ingeniería Eléctrica. “La gran mayoría de las personas indocumentadas vinieron para tener una vida mejor. La mayoría de las personas están aquí igual que yo, tratando de obtener educación para mejorar sus vidas ", concluyó.
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