El río Miami se ha convertido en una zona comercial importante en la ciudad, pero no siempre fue así. En los años 60, era una zona peligrosa. Durante las noches no había personas en sus calles. En esa época, Esteban García tuvo la visión de construir un lugar que llegaría a convertirse en un icono de la zona: Garcia’s Seafood Grille & Fish Market.
Esteban García fue un inmigrante cubano que vino a Estados Unidos huyendo del comunismo, la pobreza y la falta de libertad. García trabajó arduamente y pudo cumplir el sueño americano.
Garcia’s Seafood Grille & Fish Market, una de las joyas culinarias con sello cubano más tradicionales y visitadas de Florida, está ubicada en la parte norte del río Miami, que es ahora una de las zonas más buscadas por quienes buscan vivir en un sector exclusivo. Tener un negocio en este sector ya no es una apuesta arriesgada como en los años 60 y 70, sino todo un lujo.
La historia antes de Garcia’s
“El nombre de mi papá es Esteban García. Él vino de Cuba y empezó trabajando al cruzar la calle en un lugar que se llamaba National Fisheries. En Cuba teníamos un negocio de mariscos, el cual se lo habían quitado a él y a mis tíos. Él vino para acá y como él no sabía más nada, empezó trabajando en una corporación de mariscos. Ellos empezaron pescando”, dice Luis Esteban García, uno de los dueños del restaurante.
Al poco tiempo de haber llegado a Miami, los García abrieron La Camaronera en Pequeña Habana, era un restaurante similar al que tenían en Cuba. Este primer negocio tuvo mucho éxito y a Esteban se le ocurrió abrir otro restaurante para dejar un legado a sus hijos, y vio el potencial de desarrollo que tenía el área del río Miami, aunque no todos en la familia lo vieron.
“Lo especial de Garcia’s es que en verdad es uno de los restaurantes originales que tenemos en el río. Tener acceso a un restaurante frente al agua, en especial para los habitantes regulares de la ciudad”, agrega Torrens.
Un negocio familiar con amor y sazón
Después de varios años de trabajo con su padre, Luis Esteban y su hermano quedaron a cargo del restaurante y se empeñaron en mantener los valores y originalidad que lo convirtieron en un negocio exitoso.
“Soy más o menos como el director del circo. Estoy tratando de que en la cocina salga la comida a tiempo, que la gente se sienta cómoda; entonces hago un poquito de todo. Yo creo que los empleados son una parte bastante grande de que nosotros hagamos las cosas bien”, dice Luis Esteban García.
Garcia’s lugar de encuentro de famosos
Aunque al restaurante Garcia’s llegan muchas celebridades, el lugar se mantiene fiel a su origen humilde, preserva los valores familiares y ese toque casero en sus platillos.
El plato que más piden, explica su dueño, es la rabirrubia de pargo. El segundo, el mahi mahi.
“Aquí ha entrado Sandra Day O’Connor, jueza de la Corte Suprema de Justicia; Martha Stewart; LeBron James, doscientas veces; aquí ha entrado la gente más famosa del mundo”, dice Luis Esteban.
Otros ilustres visitantes han sido: David Beckham, David Ortiz y Anthony Bourdain.
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Fundado hace 41 años por un cubano que combatió en el desembarque de Bahía Cochinos, este restaurante ubicado en el corazón de la Calle 8 se convirtió -como dicen los hombres mayores que lo frecuentan- en la “alcaldía del exilio”.
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Lejos del exotismo de los lugares de la Habana, de baldosines blancos y negros, este restaurante extrañamente intentó replicar un cafetín europeo y la opulencia de espejos del verdadero Salón de Espejos de Versalles, en Francia.
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“Queríamos comernos un sanduchito cubano, un pastelito de guayaba, un jugo de mamey y en este lugar no solo encontrábamos nuestra cocina sino que fue el que empezó a reunir a todos los que dejábamos atrás nuestra patria”, dice Mario Machado, un hombre mayor que ha vivido su vida lejos de la isla frecuentando este lugar.
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Ese sábado 26 de noviembre -que pasará a los anaqueles de la historia como el día de la muerte de uno de los líderes más influyentes del siglo XX-, los alrededores del restaurante Versailles estaban a reventar. Ese lugar que era una especie de cabildo de todos los desterrados, ahora se convertía en el lugar para celebraciones y las algarabías. Con banderitas y pitazos de carros decían todos: "Fidel ha muerto".
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Sin embargo, unos días después, el lunes 28, todos trataban de mantener las maneras en su interior. Las lámparas de cristales, los amplios salones de ventanales enormes y un piso de baldosines de plástico (que intentan replicar complejas formas de cerámica), congregaban a la gente cubana en torno a un sentimiento aún más poderos que el de la política: el amor por el lechón con arroz y frijoles.
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El encuentro de exiliados entre coladitas, la forma como los cubanos le llaman a su café de sabor fuerte y dulce, y pastelitos de guayabas hizo que con las décadas la fama de este lugar creciera y se conociera como "La casa del exilio". A las afueras hay incluso un pequeño monumento que profesa: "En reconocimiento a los cubanos hombres y mujeres que nunca se resignaron a vivir sin libertad".
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El Versailles fue creciendo al punto que hoy ocupa casi una cuadra completa. Aunque los despampanantes espejos podrían hacer pensar que se trata de un lugar muy formal, en el interior realmente palpita la frescura de los cubanos. Así, las lámparas y los arabescos contrastan con mesas sin manteles, servilletas de papel y sillas de cafetería corriente.
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Hoy en día, los turistas que visitan Miami sienten que rasguñan algo de la cultura cubana cuando visitan el Versalles y prueban el café típico servido por una chica que te llama con cercanía, "mi amor", "mami linda", antes de servirte la bebida caliente.
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"Mi papá salió de la Habana, porque el Che Guevara lo había condenado a muerte, alguien le avisó y logró embarcarse en un bote hacia Cayo Hueso. Desde ese 1960 vivimos acá y nunca volvimos a la isla. Pero este lugar ha sido mi mejor manera de mantener mis recuerdos vivos de Cuba", dice Randy Espinet, un cubano erudito, mientras espera su segundo café de la tarde.
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A juzgar por lo que ofrece este restaurante, los sabores de Cuba están hechos de pocas especias, influencias europeas, mucha devoción por el cerdo y un compromiso por los frijoles y por los pasteles de hojaldre que albergan en su interior el dulzor de la guayaba.
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Claro, no hay Cuba, no hay patria, sin tabacos. Hileras blancas y organizados de cigarros 'La gloria cubana' se ven en sus estanterías.
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"Desde el principio el Versailles fue un lugar importante en términos políticos", asegura Randy ahora reunido con sus compinches. "Ahora somos un exilio poderoso y predominante. Pero hace décadas, cuando llegamos, éramos pocos y no teníamos capital. Este lugar, sin embargo, fue nuestra casa y a medida que el exilio creció, creció también el Versailles".
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Ahora, incluso que Fidel Castro se ha ido, Versailles tiene grabado en piedra en sus puertas una bienvenida para los cubanos: "La peña del Versailles, para aportar ideas y compartir el sueño de un regreso a la patria que espera".
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