Rebeca Atondo, de 50 años, dice que su alacena se le fue vaciando la semana pasada y tocó fondo el domingo, pues se quedó sin un centavo por comprar alimentos especiales debido a sus enfermedades.
Al día siguiente, llena de vergüenza, sacó una mesa al patio de su casa en Tijuana (México), acomodó sus mejores pantalones y blusas, y a sus vecinos les escribió esta oferta en una cartulina: “Cambio ropa por despensa”.
“Ofrecía cambiar mis pantalones, blusas y collares por despensa. No los puse en venta porque la gente ahora no está comprando”, dice Atondo en una entrevista telefónica con Univision Noticias. “Es la primera vez que lo hago y me sentí mucho muy avergonzada. Nunca me imaginé llegar a hacer eso”.
La difícil situación económica que atraviesa esta mujer está relacionada con la pandemia y su salud.
Debido a los golpes que han recibido muchas industrias en la frontera, a su esposo le redujeron considerablemente su jornada laboral en una maquiladora y, por ende, su sueldo. Ella no puede trabajar porque padece de fuertes dolores en músculos y articulaciones, y los medicamentos la derriban.
Los últimos ahorros de esta pareja se fueron comprando suplementos alimenticios que ella necesita por su delicada salud. “Solo uno me costó 900 pesos (unos 40 dólares), que es casi lo que compro de mandado (despensa) a la semana”, lamentó. “El domingo me sentí un poco desesperada”.
Al día siguiente, antes de no tener qué llevarse a la boca, ella se puso a ofrecer su mejor ropa. Dice que planeaba intercambiar, por ejemplo, un pantalón de mezclilla por una lata de comida. Pero nadie le llevó algo para hacer el insólito trueque. Unos vecinos le compraron algunas prendas por 10 y 15 pesos (menos de 1 dólares). Nada más.
Su historia fue contada por el periódico local El Imparcial, el cual publicó el número de celular y hasta el domicilio de Atondo en el este de Tijuana. Poco después comenzó a recibir llamadas telefónicas de extraños dispuestos a ayudarla. Unos fueron hasta su casa para llevarle alimentos y otros le enviaron 1,100 pesos (unos 50 dólares), suficientes para que su familia se alimentara un par de días.
“La gente que ha venido lo ha hecho con mucho corazón”, agradece esta mujer, que es madre de cuatro jóvenes. “Me han traído pollo, huevo, fruta, verdura, cosas enlatadas”, detalla.
La historia de esta mujer recuerda la de un niño de la Ciudad de México que se puso a cambiar sus juguetes por comida, pues su madre se quedó sin dinero en medio de la contingencia.
La crisis de Rebeca Atondo viene desde el año pasado, cuando dejó de confeccionar ropa porque sus enfermedades no se le permitieron. “Si yo pudiera trabajar no hubiera hecho esto. Pero hay días en que no me levanto, que duermo todo el día por el dolor y porque me siento muy cansada”, dice.
La madrugada de este jueves tuvo una recaída aparentemente por la combinación de dos medicinas que está tomando y terminó internada en un hospital. La dieron de alta por la tarde y regresó a su casa aún más agotada que de costumbre.
Niño cambia sus juguetes por comida porque su mamá se quedó sin trabajo en la cuarentena
Por si fuera poco, ella y su esposo se contagiaron de coronavirus hace dos meses. Pudo ser por un brote en la maquiladora de su marido y por otro en su colonia, Fraccionamiento Lomas del Pedregal, donde han fallecido al menos cuatro personas por complicaciones relacionada con el covid-19.
“La pasé muy muy mal. Demasiado mal. Estuvimos 10 días en cama mi esposo y yo”, relata.
Atondo no sabe si volverá a ofrecer su ropa en el patio de su casa, pues la generosidad de sus vecinos ha sido suficiente para salir adelante estos días. “Ha sido una bendición muy grande y, la verdad, me siento muy orgullosa de vivir en Tijuana, por saber que hay gente con un corazón tan grande”, expresa.
📷 "Sin ellos no llegarían los alimentos a los hogares": estos migrantes nunca dejaron de cosechar pese a temer contagiarse
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La vida en los campos de Florida - Algunos campos de vegetales de Homestead, una ciudad con una gran producción agrícola del sur de Florida, redujeron su ritmo en medio de la pandemia pero lograron seguir llevando alimentos a los supermercados y hogares del Estados Unidos. Ese fue el caso de estos surcos de ocra donde un trabajador cosecha casi cubierto de pies a cabeza, en parte para evitar contagiarse con el coronavirus.
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Vegetales que van al norte - Este es uno de los campos de ocra de Sifuentes Farms, donde la producción se redujo cerca de un 60% cuando sus principales compradores en Nueva York cerraron sus negocios al arreciar la pandemia a mediados de marzo.
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Decenas de cajas repletas perdidas - La ocra es un vegetal con una textura parecida al nopal consumido ampliamente en México. Debe ser recolectado de la plata cuando alcanza apenas unos tres centímetros o, de lo contrario, puede crecer demasiado y ser rechazado en los puntos de compra. Muchas de estas cajas como las de la imagen se perdieron cuando la crisis secó la demanda casi por completo.
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La esencial mano de obra migrante - Los trabajadores de estos campos de ocra son casi en su mayoría inmigrantes indocumentados que han seguido trabajando a pesar de temer contagiarse porque no recibieron ayuda del paquete de estímulo económico aprobado en el Congreso a fines de marzo y deben mantener en la medida de lo posible sus fuentes de sustento. Trabajan cubiertos con bolsas de plástico y con mascarillas ya sea para evitar un contagio como la picazón que pueden producir los arbustos de ocra con el constante roce.
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De recolector a dueño de cientos de acres - Pedro Sifuentes llegó a Estados Unidos en 1999 desde su natal México. "Como cualquier inmigrante que llega, me acuerdo que en ese tiempo no conocía a nadie en la región. Me tocó vivir en un parque por una semana hasta conseguir trabajo, fui trabajador en el campo, siempre busqué el campo porque en México desde muy pequeños nos dedicamos a trabajar en el campo", contó a Univision Noticias. Pedro cultiva ahora unos 1,400 acres de ocra y otros cultivos como la calabaza.
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"También somos unos héroes" - Blanca Rivas es una migrante de Guatemala que lleva 14 años en los campos de Homestead. En este de Sifuentes Farms supervisa todos los días desde bien temprano en la mañana las labores de recolección de unos 55 trabajadores. "Nosotros también somos unos héroes, somos unos héroes porque a pesar del miedo y la pandemia estamos aquí. No hemos fallado ni un día, estamos aquí levantando vegetales, recogiendo las cosechas para que cualquier persona tenga un plato de comida en su casa, estamos aquí sin saber qué pasa mañana", dijo a Univision Noticias.
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"Tengo miedo, pero tengo que trabajar" - Teresita es una migrante indocumentada de México que ha seguido trabajado sin tregua en los campos de ocra. "Aunque tengo miedo, tengo que trabajar. Porque si voy a estar en la casa nadie nos va a mantener. Nosotros necesitamos dinero para pagar la renta... todo", relató haciendo un alto en uno de los surcos que cosecha día tras día junto con su esposo.
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Una contingencia inédita - La crisis llevará a que los agricultores de Florida pierdan unos $522 millones de dólares este año, estima el gobierno estatal. Para algunos agricultores como Pedro Sifuentes la meta es sobrevivir a la crisis lo mejor que se pueda hasta que haya una vacuna o un tratamiento contra la enfermedad.
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"Los indocumentados somos los que andamos agachados" - En un recorrido realizado por Univision Noticias por los campos de Homestead, los trabajadores contaron lo sacrificado que es su trabajo. 'Piscan' o recogen los cultivos con lluvia o con un sol abrasador. "Nosotros los indocumentados somos los que andamos así agachados, a veces uno cuando llega a la casa ni puede ir al baño por el dolor de espalda. Y al otro día volvemos a los mismo", relató Sofía Santiago, una de las trabajadoras de la ocra.
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'Piscando' bajo lluvia, sol y sereno - Los arbustos de ocra son cosechados desde que están casi pegados al suelo. A medida que crecen se facilita 'piscar' los pequeños vegetales que salen de una flor amarillo brillante.
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En busca de ocras para cosechar - Un trabajador separa las hojas en busca de la ocra. Luego la va acumulando en la cubeta que lleva sobre su espalda.
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Un día que arranca muy temprano - La jornada arranca desde las 3:00 de la mañana aproximadamente. Para poder ver dónde está la ocra, los trabajadores llevan en sus frentes un bombillo.
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Una zona rica en cultivos - Una trabajadora 'pisca' berenjena en un campo en Homestead. Allí se plantan cultivos tan diversos –desde ocra y berenjena hasta calabaza y lychee– que los productores suelen requerir mano de obra casi todo el año.
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El golpe de la crisis en un campo de berenjena - Francisco Maldonado, un mexicano que migró en 1985, es el encargado de este campo donde se cultivan berenjenas. Con la crisis, Francisco también perdió temporalmente clientes en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, sus principales mercados. "Cuando eso cerró por allá arriba, las empacadoras aquí tuvieron que cerrar y no podían recibir productos. Entonces nosotros teníamos que siempre mantener cierta cantidad de parcelas para cortar diariamente. Y al no poderlas cortar, tuvimos que cancelar todo", explicó.
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"Uno tiene que pensar en ellos" - Pero en su campo, los trabajadores tuvieron al menos una labor que hacer durante los peores días de la pandemia. "Todas las semanas, la gente nunca dejó de trabajar, siempre recibieron su cheque por lo menos al 80%", aseguró. "Son personas que necesitan llevar su cheque a su casa cada semana porque tienen gastos. Algunos de ellos no tienen documentos y no tienen dónde pedir ayuda. Uno tiene que tratar de pensar en ellos", agregó a Univision Noticias.
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"Todos somos iguales" - Melda Velázquez es una migrante guatemalteca que perdió su trabajo recogiendo guayabas. Tiene 10 hijos y le angustia no conseguir otro empleo que le ayude a pagar sus gastos básicos, como la electricidad y el arriendo. El gobierno "ayudó a toda la gente que dicen que tienen documentos de aquí y a nosotros no nos quisieron ayudar porque somos inmigrantes. Pero todos somos iguales, el que no tengamos papeles (no debería importar) (...) Tenemos nuestros hijos de aquí, ellos son nacidos aquí y ellos tienen derecho a la ayuda", lamentó.
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"Mira a tu alrededor para que veas quiénes están trabajando" - Claudia González es organizadora de la Asociación Campesinade Florida, que ha estado recopilando y entregando ayuda a los trabajadores del campo. "Antes nos decían ilegales y ahora somos esenciales. Con esto, ¿quiénes son los que están trabajando? Solo mira a tu alrededor para que veas quiénes son los que están trabajando", afirmó.
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"Nos sentimos defraudados" - Blanca Marín también fue otra de las trabajadoras que perdió su trabajo en un vivero de Homestead. Pero esta guatemalteca que lleva cinco años en Estados Unidos no se amilanó y comenzó a coser mascarillas, lo que ahora se ha convertido en una microempresa que le ayuda a sufragar los gastos de su casa. Triste por no recibir la ayuda federal por la crisis a pesar de que paga impuestos con un número de identificación personal conocido como ITIN, contó que "tenía una máquina que me regaló una amiga. Entonces la tenía ahí empolvada, digo 'yo voy a hacer mascarillas, necesito un molde'. Saco un molde del internet, lo recortamos y empiezo con la tela que yo tenía ahí guardada...".
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