CARACAS, Venezuela.- El meteórico incremento de los precios evapora la capacidad de compra de la moneda y obliga a los venezolanos a cargar fajos de billetes para comprar un kilo de carne o dos barras de pan.
En un intento por aliviar ese desequilibrio, el Banco Central de Venezuela puso a circular este jueves 13 de junio tres nuevos billetes de alta denominación, de 10,000, 20,000 y 50,000 bolívares; este último multiplica por 100 el valor del mayor billete actual, de 500 bolívares. La devaluación respecto al dólar ha sido de tal magnitud que el nuevo billete de 50,000 bolívares, de acuerdo al tipo de cambio oficial, hoyequivale a 8 dólares y solo alcanza para pagar dos gaseosas de dos litros.
En los últimos ocho meses la inflación acumuló un salto de 21,331%, de acuerdo a cifras del Banco Central de Venezuela. Economistas coinciden en que la hiperinflación hizo erupción una vez que la caída de la producción hundió la recaudación de impuestos, generando un enorme déficit en las cuentas públicas que alcanzó 19% del PIB.
Ante este desajuste,el gobierno optó por crear nuevos bolívares a un ritmo frenético, originando un profundo desbalance entre la oferta y la demanda:más dinero detrás de pocos productos, una combinación que disparó los precios.
Esta cronología cuenta, en billetes, cómo la hiperinflación llegó a estos niveles en Venezuela:
Deserción escolar, otro de los graves efectos de la hiperinflación en Venezuela
En fotos: Para sobrevivir en Colombia, estos venezolanos convirtieron sus devaluados billetes en artesanías
Cúcuta
Jesús Campos y su esposa, Gabriela Crespo, son oriundos de la ciudad venezolana de Valencia pero hace cuatro meses viven en la ciudad colombiana Cúcuta. Como muchos venezolanos, optaron por migrar al país vecino para huir de la rampante crisis que tiene sumido a su país en una profunda escasez de alimentos y medicinas, creciente inseguridad y una hiperinflación sin precedentes.
Manuel Rueda
Cúcuta
Para ganarse la vida, la pareja trabaja largas horas elaborando bolsos hecho de billetes de bolivares. En su país natal, la hiperinflación ha disparado los precios y ha hecho que el dinero pierda capacidad de compra. Un café vale ya 200,000 bolívares en las panaderías de Caracas y un kilo de pollo sobrepasa el millón de bolívares.
Manuel Rueda
Cúcuta
Con la pérdida del valor del dinero, esta pareja de migrantes no dudaron en usar sus bolívares para fabricar artesanías. Para hacer estos bolsos, doblan cientos de billetes en rectángulos y los hilan juntos formando trenzas.
Manuel Rueda
Cúcuta
Jesus se encarga de cocer, mientras Gabriela se dedica a doblar los billetes. En Venezuela, la mujer tenía un negocio de dulces y Jesús un puesto de verduras en un mercado.
Manuel Rueda
Cúcuta
Un bolso grande contiene 800 piezas de la moneda venezolana. En Venezuela, este dinero no alcanzaria ni para comprar un café.
Manuel Rueda
Cúcuta
En Colombia los bolsos se venden por hasta 30,000 pesos, unos $10. Con lo que ganan con los bolsos, la pareja y sus dos hijos consigue sobrevivir, según dice Jesús. “Acá uno trabaja duro, pero siempre hay con que comer”.
Manuel Rueda
Cúcuta
Los bolsos causan asombro y admiración entre los habitantes de Cúcuta que recuerdan épocas donde el bolívar era 17 veces más fuerte que la moneda local. Según Steve Hanke, un profesor de economia de la universidad John Hopkins, la inflación en Venezuela sobrepasó el 16,000% en los ultimos 12 meses.
Manuel Rueda
Cúcuta
Cuando llegaron a Cúcuta, Gabriela y Jesús empezaron vendiendo arroz con leche a venezolanos que cruzaban la frontera. Muchos de ellos les pagaban con muchos billetes de 100 (un arroz con leche lo vendían a 40,000 bolívares) y se les ocurrió usar esos billetes para hacer bolsos.
Manuel Rueda
Cúcuta
Jesus trata de vender sus bolsos casi todos los dias en la calles y plazas de Villa del Rosario, un municipio cercano a Cúcuta.
Manuel Rueda
Cúcuta
Y aunque no siempre logra ventas, es optimista sobre su futuro en Colombia. “Voy a hacer un pantalón y una camisa de bolivares,” dice. “Y me voy a pasear por las playas donde hay turistas para vender mis bolsos”.
Manuel Rueda