Un camión que transportaba gas chocó contra cuatro vehículos y ocasionó una explosión en la mañana de este lunes en la autopista Guadalaraja-Tepic, en el oeste de México, dejando al menos 13 personas muertas, informaron las autoridades.
El accidente ocurrió a las 9:45 am (hora local) a la altura del municipio de Jala e Ixtlán del Río, cuando la unidad que transportaba el combustible en dirección a la ciudad de Guadalajara, perdió el control y se volcó “en la parte media de la autopista y posteriormente ocurre la explosión”, informó la Secretaría de Protección Ciudadana y Bomberos del estado de Nayarit.
Fue entonces cuando el camión tipo cisterna arrolló a los cuatro automóviles, lo que provocó que también se incendiaran.
Hasta la tarde del lunes, las autoridades habían informado sobre el fallecimiento de 12 personas dentro de los vehículos y una más que había sido trasladada a un hospital en la ciudad de Tepic, capital del estado de Nayarit, agregaron las autoridades.
Sin embargo, hacia la tarde del lunes, la ficalía señaló que el número total de víctimas mortales es de 13. Las víctimas no han sido identificados hasta el momento.
Al lugar se desplazaron policías estatales y municipales, así como miembros de la Guardia Nacional, Protección Civil, bomberos, ministerios públicos, peritos y personal forense.
En redes sociales trascendieron videos de ciudadanos saliendo de sus autos y corriendo por la carretera a raíz de una enorme columna de humo negro que de repente explotó causando una llamarada de varios metros en lo que se presupone que fue una segunda explosión.
Con una población de 1.2 millones de habitantes, Nayarit es uno de los estados más pequeños de México, enclavado entre el océano Pacífico y los estados de Sinaloa, Durango, Zacatecas y Jalisco.
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En este cementerio de México entierran a sus muertos con las propias manos a pesar de la pandemia
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Familiares del señor Juan Pueblita dan el último adiós el 10 de agosto del 2020 en el panteón de Tláhuac en la Ciudad de México.
Hay un México que no renuncia a sus tradiciones a pesar de la pandemia.
Es el México de Juan, quien murió de covid-19 y sus familiares lo despidieron como siempre han hecho:
velaron el cuerpo en casa, pasearon el féretro por el pueblo y lo enterraron con sus propias manos.
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La Alcaldía de Tláhuac, en el sureste de Ciudad de México, abarca seis antiguos pueblos donde las costumbres siguen marcando el día a día de sus habitantes y las disposiciones oficiales establecidas por la crisis sanitaria al parecer poco pueden hacer para alterarlas.
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Hasta el pasado lunes, México ha registrado 57,023 decesos y 525,733 casos de covid-19 desde que comenzó la pandemia. Tan solo en las últimas 24 horas se reportaron 266 defunciones y 3,571 contagios.
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Aunque el cementerio San Pedro de Tláhuac lleva meses cerrado al público, en su interior se siguen haciendo fastuosos sepelios.
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"Todos los panteones de la alcaldía son panteones vecinales (...) La mayoría de servicios son realizados por los mismos familiares. Si alguien fallece, se ponen de acuerdo para raspar la tumba donde será sepultado el cadáver", contó este lunes a la agencia Efe Daniel de la Cruz, jefe de panteones de Tláhuac, donde se han triplicado los entierros por la pandemia.
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A media mañana, Demetrio llegó a este panteón repleto de lápidas trazadas de forma irregular. Su hermano Juan había fallecido esa madrugada. Horas después fueron llegando todos los hombres de la familia, la mayoría sobrinos del difunto, para dejar lista la fosa familiar donde enterrarían horas más tarde a Juan, quien falleció a los 52 años.
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Una decena de sobrinos rasparon la tumba de la abuela, un arduo trabajo de unas cuatro horas que consiste en levantar la lápida, desenterrar el féretro, meter los restos de huesos y ropa en una bolsa de plástico y dejar espacio para Juan, el difunto.
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"Cuando hay solvencia pagas para que lo haga un trabajador del panteón, pero aquí lo sabemos hacer y todos los trabajos los hacemos nosotros", contó Javier, uno de los primos que se detuvo un momento de cavar para servir cerveza a todos sus parientes.
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Las autoridades mexicanas han pedido no velar a los fallecidos por coronavirus, una enfermedad que ha situado a México como el tercer país con más fallecidos del mundo, pero saltarse las exequias es algo impensable para muchas familias de Tláhuac.
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Por eso, las puertas de la casa estaban abiertas de par en par a fin de que vecinos y amigos pasaran unos últimos instantes con Juan, cuyo féretro yacía encima de un altar en el patio del domicilio.
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La crisis sanitaria solo se dejaba entrever por un detalle, además de los cubrebocas: el ataúd había sido recubierto de plástico en el hospital como dicta el protocolo sanitario por la pandemia para evitar que los allegados lo abran.
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Junto a una banda musical de estridentes trompetas y tambores colocaron el ataúd en una carroza fúnebre con la parte trasera abierta.
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Decenas de personas siguieron el recorrido del ataúd por alrededor de una hora por las calles del pueblo. Se detuvieron un momento en la iglesia y luego procedieron hasta el cementerio.
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De acuerdo al protocolo tendrían que entrar 20 personas, todos con cubrebocas, sin arreglos flores ni acompañamiento musical. Tendría que haber ingresado la carroza y directamente depositar el féretro dentro de la tumba.
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"Desafortunadamente la gente no acata esta instrucción", indicó el responsable de cementerios.
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En plena pandemia han llegado cortejos fúnebres de hasta 200 personas, contra lo que nada pueden hacer De la Cruz y el joven que vigila el acceso del panteón de San Pedro.
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