"Me voy a México, no quiero jugarme la vida aquí": empleados con visas H-2A reclaman que su empresa no los protege del coronavirus
Un grupo de choferes de Dalhart, en el Pandhandle de Texas, se queja de que la empresa para la que trabajan no ha tomado medidas suficientes para evitar la propagación del virus pese a que han comenzado a multiplicarse los casos en las últimas semanas.
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Homestead no figura entre las ciudades con más infectados por el coronavirus, pero la mayoría de su pueblo, que se dedica principalmente a la agricultura y viveros, ha sentido muy fuerte el impacto económico. Las familias de inmigrantes, en su mayoría indocumentados, son los más vulnerables de la cadena y, al mismo tiempo, los responsables de cosechar la comida que llega a nuestra mesa.
Desde hace al menos dos semanas, el coronavirus comenzó a propagarse entre los empleados de una empresa de transporte en Dalhart, en el Pandhandle de Texas. Uno, dos... hasta siete trabajadores se sumaron a la lista de posibles contagiados con covid-19. Al final, tres de ellos fueron hospitalizados; otros cuatro fueron aislados en un hotel de la zona. Pero los que se quedaron durmiendo y comiendo en los contenedores de la compañía dijeron estar aterrados de ser los siguientes en enfermarse.
"Hay muchos compañeros con síntomas y la empresa realmente no ha tomado cartas en el asunto", reclama P.*, un trabajador que llegó en abril con una visa de trabajo temporal H-2A. Según él, la compañía de transporte de productos agrícolas en la que labora, Integrated Agribusiness Solutions, les dio las primeras mascarillas apenas tras el reciente brote de coronavirus a pesar de que Estados Unidos batalla para contener la enfermedad desde principios de año. Después de ese día —y antes también—, cada quien ha comprado su mascarilla.
Fuera de eso, denuncia que los dormitorios en los que estuvieron los contagiados no fueron debidamente desinfectados a pesar del pedido reiterado de los empleados. "Ya es psicosis lo que tenemos. No sabemos si estamos enfermos. No se sabe nada de nadie", asegura, y explica que los gerentes de la compañía no han informado sobre el estado de sus compañeros. Ni siquiera han dicho cuántos son los enfermos. Se enteran cuando no vuelven tras ser llevados al hospital más cercano, en Amarillo.
En mensajes de WhatsApp solo les han recomendado que no socialicen entre ellos, que "no le den la cara a nadie" si tienen alguno de los síntomas y que solo utilicen el camión que les asignaron para sus labores.
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Por eso P. tomó una decisión drástica: "No me importa ganar en dólares. Prefiero irme a mi casa sano y salvo (...) Me voy a México, no quiero jugarme la vida aquí".
Con P. se marchó M.*, otro trabajador con visa H-2A. "Yo gano más con irme que quedándome", aseguró en una entrevista telefónica con Univision Noticias. "¿Para qué quiero un costal de dólares si me voy a ir al hoyo si me da coronavirus porque soy diabético?".
En Dalhart, una ciudad que vive sobre dos condados, Dallam y Hartley, viven 8,310 personas, según datos del censo hasta julio de 2019. La ciudad estima que 319 personas se han enfermado, casi 4% de su población. De ellos, siete han fallecido.
Almudena Toral/Univision
En Dalhart conviven empresas procesadoras de papa, maíz, algodón, así como criaderos de cochino y ganado. Es común ver decenas de camiones transitando por sus vías.
Univision Noticias contactó a Integrated Agribusiness Solutions —que tiene entre 100 y 150 empleados— para indagar en los reclamos. La empresa confirmó que siete tabajadores resultaron contagiados con coronavirus en las últimas dos semanas y que el foco pudo estar en dos de esos trabajadores que estuvieron en contacto con personas enfermas en México. Desmintió que no se tomaran medidas: dice que proveen máscaras y desinfectante de manos en la oficina.
"Me da miedo entrar a esa casa"
Además de M. y P., otros cinco empleados aseguran sentirse igual de preocupados por la inacción de la empresa. Uno de ellos, hipertenso, es de los que tiene que quedarse. Necesita el dinero para enviarlo a su familia.
I.* tampoco puede regresar a México. Como los dormitorios donde estuvieron los contagiados no han sido desinfectados, él prefirió salirse del área. Desde hace una semana duerme solo en el camarote de un tráiler descompuesto a pesar de los 4 grados centígrados que se sienten actualmente. "Me da miedo entrar a esa casa".
Con el cubrebocas puesto —que él mismo compró— entra al container solo para ir al baño o hacer la comida, pues no hay otro lugar al que acudir. Una vez allí se lava las manos a cada rato y evita el contacto con sus compañeros.
"No queremos más brote", reclama. "Mi vida vale más que nada". Como él, asegura que conoce al menos a otros dos empleados que tomaron la misma decisión. "El miedo es generalizado, se habla del tema".
Como el resto de los trabajadores entrevistados, I. considera que la empresa debe aumentar las medidas de salubridad y exigir que quienes sean traídos con visas H-2A sean sometidos a pruebas de descarte antes de viajar a Estados Unidos. A él mismo nunca le pidieron hacérsela antes de su viaje.
"Somos los que generamos dinero para esta empresa. Si uno se enferma, no trabaja y si no trabajamos, tampoco nos pagan esos días", reclama.
*Nombre cambiado por solicitud de la fuente, que teme represalias en su contra.
📷 "Sin ellos no llegarían los alimentos a los hogares": estos migrantes nunca dejaron de cosechar pese a temer contagiarse
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La vida en los campos de Florida - Algunos campos de vegetales de Homestead, una ciudad con una gran producción agrícola del sur de Florida, redujeron su ritmo en medio de la pandemia pero lograron seguir llevando alimentos a los supermercados y hogares del Estados Unidos. Ese fue el caso de estos surcos de ocra donde un trabajador cosecha casi cubierto de pies a cabeza, en parte para evitar contagiarse con el coronavirus.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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Vegetales que van al norte - Este es uno de los campos de ocra de Sifuentes Farms, donde la producción se redujo cerca de un 60% cuando sus principales compradores en Nueva York cerraron sus negocios al arreciar la pandemia a mediados de marzo.
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Decenas de cajas repletas perdidas - La ocra es un vegetal con una textura parecida al nopal consumido ampliamente en México. Debe ser recolectado de la plata cuando alcanza apenas unos tres centímetros o, de lo contrario, puede crecer demasiado y ser rechazado en los puntos de compra. Muchas de estas cajas como las de la imagen se perdieron cuando la crisis secó la demanda casi por completo.
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La esencial mano de obra migrante - Los trabajadores de estos campos de ocra son casi en su mayoría inmigrantes indocumentados que han seguido trabajando a pesar de temer contagiarse porque no recibieron ayuda del paquete de estímulo económico aprobado en el Congreso a fines de marzo y deben mantener en la medida de lo posible sus fuentes de sustento. Trabajan cubiertos con bolsas de plástico y con mascarillas ya sea para evitar un contagio como la picazón que pueden producir los arbustos de ocra con el constante roce.
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De recolector a dueño de cientos de acres - Pedro Sifuentes llegó a Estados Unidos en 1999 desde su natal México. "Como cualquier inmigrante que llega, me acuerdo que en ese tiempo no conocía a nadie en la región. Me tocó vivir en un parque por una semana hasta conseguir trabajo, fui trabajador en el campo, siempre busqué el campo porque en México desde muy pequeños nos dedicamos a trabajar en el campo", contó a Univision Noticias. Pedro cultiva ahora unos 1,400 acres de ocra y otros cultivos como la calabaza.
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"También somos unos héroes" - Blanca Rivas es una migrante de Guatemala que lleva 14 años en los campos de Homestead. En este de Sifuentes Farms supervisa todos los días desde bien temprano en la mañana las labores de recolección de unos 55 trabajadores. "Nosotros también somos unos héroes, somos unos héroes porque a pesar del miedo y la pandemia estamos aquí. No hemos fallado ni un día, estamos aquí levantando vegetales, recogiendo las cosechas para que cualquier persona tenga un plato de comida en su casa, estamos aquí sin saber qué pasa mañana", dijo a Univision Noticias.
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"Tengo miedo, pero tengo que trabajar" - Teresita es una migrante indocumentada de México que ha seguido trabajado sin tregua en los campos de ocra. "Aunque tengo miedo, tengo que trabajar. Porque si voy a estar en la casa nadie nos va a mantener. Nosotros necesitamos dinero para pagar la renta... todo", relató haciendo un alto en uno de los surcos que cosecha día tras día junto con su esposo.
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Una contingencia inédita - La crisis llevará a que los agricultores de Florida pierdan unos $522 millones de dólares este año, estima el gobierno estatal. Para algunos agricultores como Pedro Sifuentes la meta es sobrevivir a la crisis lo mejor que se pueda hasta que haya una vacuna o un tratamiento contra la enfermedad.
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"Los indocumentados somos los que andamos agachados" - En un recorrido realizado por Univision Noticias por los campos de Homestead, los trabajadores contaron lo sacrificado que es su trabajo. 'Piscan' o recogen los cultivos con lluvia o con un sol abrasador. "Nosotros los indocumentados somos los que andamos así agachados, a veces uno cuando llega a la casa ni puede ir al baño por el dolor de espalda. Y al otro día volvemos a los mismo", relató Sofía Santiago, una de las trabajadoras de la ocra.
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'Piscando' bajo lluvia, sol y sereno - Los arbustos de ocra son cosechados desde que están casi pegados al suelo. A medida que crecen se facilita 'piscar' los pequeños vegetales que salen de una flor amarillo brillante.
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En busca de ocras para cosechar - Un trabajador separa las hojas en busca de la ocra. Luego la va acumulando en la cubeta que lleva sobre su espalda.
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Un día que arranca muy temprano - La jornada arranca desde las 3:00 de la mañana aproximadamente. Para poder ver dónde está la ocra, los trabajadores llevan en sus frentes un bombillo.
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Una zona rica en cultivos - Una trabajadora 'pisca' berenjena en un campo en Homestead. Allí se plantan cultivos tan diversos –desde ocra y berenjena hasta calabaza y lychee– que los productores suelen requerir mano de obra casi todo el año.
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El golpe de la crisis en un campo de berenjena - Francisco Maldonado, un mexicano que migró en 1985, es el encargado de este campo donde se cultivan berenjenas. Con la crisis, Francisco también perdió temporalmente clientes en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, sus principales mercados. "Cuando eso cerró por allá arriba, las empacadoras aquí tuvieron que cerrar y no podían recibir productos. Entonces nosotros teníamos que siempre mantener cierta cantidad de parcelas para cortar diariamente. Y al no poderlas cortar, tuvimos que cancelar todo", explicó.
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"Uno tiene que pensar en ellos" - Pero en su campo, los trabajadores tuvieron al menos una labor que hacer durante los peores días de la pandemia. "Todas las semanas, la gente nunca dejó de trabajar, siempre recibieron su cheque por lo menos al 80%", aseguró. "Son personas que necesitan llevar su cheque a su casa cada semana porque tienen gastos. Algunos de ellos no tienen documentos y no tienen dónde pedir ayuda. Uno tiene que tratar de pensar en ellos", agregó a Univision Noticias.
Andrea Zárate/Univision Noticias
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"Todos somos iguales" - Melda Velázquez es una migrante guatemalteca que perdió su trabajo recogiendo guayabas. Tiene 10 hijos y le angustia no conseguir otro empleo que le ayude a pagar sus gastos básicos, como la electricidad y el arriendo. El gobierno "ayudó a toda la gente que dicen que tienen documentos de aquí y a nosotros no nos quisieron ayudar porque somos inmigrantes. Pero todos somos iguales, el que no tengamos papeles (no debería importar) (...) Tenemos nuestros hijos de aquí, ellos son nacidos aquí y ellos tienen derecho a la ayuda", lamentó.
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"Mira a tu alrededor para que veas quiénes están trabajando" - Claudia González es organizadora de la Asociación Campesinade Florida, que ha estado recopilando y entregando ayuda a los trabajadores del campo. "Antes nos decían ilegales y ahora somos esenciales. Con esto, ¿quiénes son los que están trabajando? Solo mira a tu alrededor para que veas quiénes son los que están trabajando", afirmó.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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"Nos sentimos defraudados" - Blanca Marín también fue otra de las trabajadoras que perdió su trabajo en un vivero de Homestead. Pero esta guatemalteca que lleva cinco años en Estados Unidos no se amilanó y comenzó a coser mascarillas, lo que ahora se ha convertido en una microempresa que le ayuda a sufragar los gastos de su casa. Triste por no recibir la ayuda federal por la crisis a pesar de que paga impuestos con un número de identificación personal conocido como ITIN, contó que "tenía una máquina que me regaló una amiga. Entonces la tenía ahí empolvada, digo 'yo voy a hacer mascarillas, necesito un molde'. Saco un molde del internet, lo recortamos y empiezo con la tela que yo tenía ahí guardada...".