Un grupo de trabajo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre basura marina y microplásticos se reunió de manera virtual a principios de noviembre para discutir la crisis de la contaminación mundial con plásticos pero, hasta ahora, los dos mayores productores de desechos per cápita del mundo, Estados Unidos y el Reino Unido, no han indicado su compromiso para participar en él.
Más de dos tercios de los estados miembros de la ONU, incluidos los estados africanos, bálticos, caribeños, nórdicos y del Pacífico, así como la Unión Europea, han declarado que están abiertos a considerar la opción de un nuevo tratado, similar al Acuerdo Climático de París o al Protocolo de Montreal (que busca prevenir el agotamiento del ozono).
De acuerdo al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), actualmente más de 11 millones de toneladas métricas de plástico fluyen hacia los océanos cada año.
"A pesar del crecimiento exponencial de las iniciativas voluntarias y las regulaciones nacionales para abordar la contaminación con plásticos, no hay señales de que las tasas de fugas estén disminuyendo. Se requiere una respuesta global coordinada en la forma de un Tratado de la ONU para ayudar a los gobiernos y las empresas a nivelar el campo de juego e impulsar el cambio a escala", señaló WWF en un comunicado.
Estados Unidos, ¿cerca de un cambio en su postura?
De acuerdo a la organización Climate Power 2020, con el arribo al poder del actual presidente electo, Joe Biden, las políticas en materia ambiental van a cambiar en Estados Unidos a beneficio mundial.
"Sabemos que Biden cree en la ciencia y que uno de los cuatro pilares de su gobierno es el cambio climático. Estamos convencidos que el nuevo presidente devolverá el rumbo proclima que tanto necesita el país y el mundo en este momento", dijo a Univision Noticias Antonieta Cadiz, secretaria de prensa de la organización.
Precisamente, el pasado 4 de noviembre Trump retiró de manera oficial a Estados Unidos del Acuerdo de París, uniéndose a Eritrea, Irán, Irak, Libia, Sudán del Sur, Turquía y Yemen, los únicos países que no se han sumado.
"Biden ya dijo que regresaría al país a este tratado, además sabemos por asesores cercanos a su campaña que el nuevo gobierno estará abierto a discutir su inclusión al grupo de trabajo de la ONU, así como a crear conciencia de la problemática a nivel mundial que se vive debido al mal uso que se le da al medio ambiente", adujo Cadiz.
En el 2019, un informe emitido por la Universidad de Maryland y el Rocky Mountain Institute señaló que en el caso de que Trump perdiese las elecciones presidenciales y ocupase su lugar un mandatario no negacionista del cambio climático, en el año 2030, Estados Unidos podría reducir sus emisiones un 49% con respecto a 2005.
Futuro ambiental caótico
La ONU señaló que de continuar las tendencias actuales sobre el control ambiental, se espera que el flujo de plástico hacia el océano se triplique para el año 2040, a 29 millones de toneladas anuales, lo que equivale a 50 kilos por cada metro de costa en el mundo.
La próxima reunión del grupo de trabajo de la ONU se realizará en el 2021, aunque aún no se ha concretado el mes en que ocurrirá. Expertos ambientales aseguran tener esperanzas en que los líderes actuales se comprometan en un tema que afecta a todos por igual.
“Mantener el estatus quo frente a los desechos plásticos y la basura marina no solo es insostenible, sino que además tendría implicaciones catastróficas para el planeta”, dijo Christina Dixon, activista oceánica senior de la Agencia de Investigación Ambiental (EIA).
“El apoyo a un tratado global sobre contaminación plástica es una acción crítica que la administración Biden puede tomar para corregir los errores de la era Trump. Tenemos la esperanza de que, con un cambio de liderazgo, Estados Unidos se una a sus aliados y apoye un tratado global que nos beneficie a todos", indicó la EIA.
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Los océanos pierden oxígeno a un ritmo sin precedentes, advierten los expertos
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Los niveles de oxígeno en los océanos a nivel mundial han disminuido un 2% entre 1960 y 2010 y se prevé que para el año 2100 esa cantidad se reduzca entre un 3% y un 4% adicional a causa del calentamiento global. Esto traería consecuencias dramáticas para la vida humana y el entorno natural.
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Estos datos forman parte de un alarmante informe titulado "La desoxigenación de los océanos: un problema de todos" que fue presentado este sábado en la XXV Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en Madrid (COP25).
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El informe, presentado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), asegura que el oxígeno en los océanos se está perdiendo a un ritmo sin precedentes, con la proliferación de "zonas muertas" y cientos de áreas en peligro.
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Hallan miles de peces y crustáceos muertos en el Mar Menor por la gota fría
La pérdida de oxígeno oceánico está estrechamente relacionada con el calentamiento y la acidificación de los océanos causados por el aumento de dióxido de carbono (CO2), derivado a su vez de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y de la llamada fertilización de los océanos.
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Indonesia Coral Crisis
En un planeta cada vez más caliente también se calientan las aguas. El agua más cálida retiene menos oxígeno y el calentamiento causa estratificación, por lo que hay menos mezcla vital de las capas ricas y pobres en oxígeno.
Dita Alangkara/ASSOCIATED PRESS
Oceanographers Investigate Falling Oxygen Levels In Baltic Sea
Pero la agricultura intensiva también juega un papel importante. Cuando el exceso de fertilizantes artificiales de los cultivos o el estiércol de la industria cárnica pasan de la tierra hacia los ríos y mares, alimentan a las algas y estas florecen, provocando luego el agotamiento del oxígeno a medida que se descomponen.
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Dead Sardines Crowd California Harbor By The Millions
La sobrepesca, así como la creciente marea de plásticos, microplásticos y otros contaminantes, ya afecta severamente a los océanos, que son aproximadamente un 26% más ácidos que en épocas preindustriales, debido a la absorción del exceso de dióxido de carbono en la atmósfera.
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Los tiburones, el atún, el pez espada y otras especies de peces grandes corren un riesgo mayor, dijeron los científicos, ya que necesitan más oxígeno para sobrevivir. La evidencia muestra que los bajos niveles de oxígeno los obligan a moverse hacia la superficie y hacia áreas menos profundas, donde son más vulnerables a la pesca.
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Según el informe, el promedio mundial de desoxigenación esconde cambios locales que podrían ser más severos en latitudes medias o altas. De esta forma, algunas simulaciones de modelos océanicos proyectan para el año 2100 una disminución de hasta un 7% en los niveles de oxígeno en un escenario sin cambios.
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Oceanographers Investigate Falling Oxygen Levels In Baltic Sea
El estudio presentado en la Cumbre del Clima en Madrid identificó más de 900 zonas costeras y mares semicerrados en todo el mundo que son objeto de los efectos de la eutrofización (enriquecimiento excesivo de las aguas con nutrientes o materia orgánica). De ellas, más de 700 tienen problemas de hipoxia (falta de oxígeno).
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El volumen de aguas completamente agotadas de oxígeno se ha cuadruplicado en las últimas décadas, según el informe.
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What Can Be Saved Oceans
Los investigadores señalan que la combinación de la hipoxia inducida por la eutrofización se puede revertir si se adoptan las medidas necesarias, pero la hipoxia causada por el calentamiento global es más difícil de combatir.
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El Mar Báltico y el Mar Negro son los mayores ecosistemas marinos semicerrados cuyo contenido de oxígeno es bajo. Entre los últimos 50 y 100 años la desoxigenación también se ha expandido en la mayor parte del Atlántico e incluso en los mares conectados, como el Mediterráneo.
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Proteger la vida marina podría ayudar a que los océanos funcionen mejor, absorbiendo más carbono y proporcionando barreras contra el aumento del nivel del mar y las marejadas ciclónicas, como son los manglares y los arrecifes coralinos.
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Para la experta Lisa Levin, "sí existen soluciones", pero estas pasan necesariamente por una "mayor ambición" en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, un objetivo que está en manos de los gobiernos "a través de múltiples vías". Levin también apuntó a la necesidad de reducir los vertidos procedentes de la agricultura, la industria o las aguas residuales y evitar "otras fuentes de estrés para los océanos", como la contaminación y la sobrepesca.
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