La esposa de un sargento del Ejército de Estados Unidos, Deisy Fidelina Rivera Ortega, pasó de ser notificada sobre su liberación a enfrentar un proceso de deportación a México, en un giro reportado por su defensa legal a medios como CBS News y ABC News.
Rivera Ortega fue detenida el 14 de abril en El Paso, Texas, durante una entrevista migratoria relacionada con su solicitud de Parole in Place, un programa que permite a familiares de militares indocumentados buscar estatus legal sin salir del país.
De acuerdo con su abogada, el miércoles por la tarde se le informó inicialmente que sería liberada tras permanecer más de una semana bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“Deisy estaba eufórica y nos informó que los funcionarios de inmigración le habían indicado que recogiera sus pertenencias, ya que sería puesta en libertad hoy”, declaró Matthew Kozik.
Sin embargo, horas después, la defensa señaló que tras consultas con el Departamento de Seguridad Nacional, la situación cambió de forma abrupta.
“El DHS/ICE negó que se la estuviera poniendo en libertad para permanecer en los Estados Unidos; más bien, se informó a la Sra. Rivera-Ortega que sería puesta en libertad, pero que dicha liberación implicaba su deportación a México”, añadió el abogado.
El Departamento de Seguridad Nacional sostiene que Rivera Ortega ingresó de forma irregular a Estados Unidos en 2016 y que ya cuenta con una orden final de deportación emitida en 2019. La agencia también afirma que su autorización de trabajo no le otorga estatus legal.
La defensa, sin embargo, argumenta que la mujer cuenta con un permiso de trabajo vigente hasta 2030 y que había recibido previamente protección contra la expulsión a El Salvador. Además, prepara recursos legales como habeas corpus y un posible mandamus ante el Quinto Circuito.
Rivera Ortega trabaja actualmente en Fort Bliss, Texas, y está casada con el sargento de primera clase José Serrano, un militar con tres despliegues en Afganistán.
Su esposo ha señalado que el proceso ha tenido un fuerte impacto emocional y médico, al señalar que padece estrés postraumático. “No puedo dormir ni siquiera con la medicación; es sumamente doloroso y estresante no poder hacer nada”, declaró.
El caso continúa en revisión mientras la defensa intenta frenar la deportación y reabrir la evaluación migratoria bajo argumentos de temor creíble.