Los casos de ciclosporiasis registrados en Estados Unidos alcanzaron este verano cifras sin precedentes, con más de 11,500 casos confirmados y probables distribuidos en 41 estados, de acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
El incremento ha encendido las alertas de las autoridades sanitarias, que continúan investigando el origen de varios brotes. Sin embargo, las autoridades de salud han comenzado a cuestionar el verdadero origen de la contaminación de alimentos con un diminuto parásito.
Mark Moorman, exdirector de la Oficina de Seguridad Alimentaria de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), reveló a CNN que las heces humanas son la única fuente de la ciclosporiasis.
“No hace falta ser un científico o un microbiólogo para darse cuenta”, dijo, añadiendo que “los humanos son la fuente”.
Esa condición convierte a la contaminación fecal en el principal punto de partida para explicar cómo el microorganismo llega a frutas, verduras o al agua utilizada en la producción agrícola.
Expertos señalaron que, aunque existen fuertes indicios sobre posibles fuentes de contaminación, las investigaciones rara vez logran establecer una prueba concluyente que explique cómo el parásito ingresa a la cadena de suministro de alimentos.
Durante este año, la FDA mantiene abiertas seis investigaciones relacionadas con brotes de ciclosporiasis. El más grande involucra a nueve estados del Medio Oeste y apunta, de manera preliminar, a lechuga iceberg cultivada en México, mientras que otro grupo de casos continúa sin una fuente identificada.

Los especialistas coinciden en que reconstruir el origen de los contagios resulta especialmente complejo debido al tiempo que transcurre entre la exposición y la aparición de los síntomas. La enfermedad puede manifestarse hasta dos semanas después del consumo de alimentos contaminados y el diagnóstico requiere pruebas específicas de laboratorio, lo que retrasa las investigaciones epidemiológicas.
Además, cuando los inspectores logran rastrear los alimentos hasta las granjas donde fueron cultivados, la cosecha involucrada ya suele haber concluido, dificultando la obtención de evidencias ambientales que permitan confirmar la fuente del brote.
Los casos de Cyclospora tienden a aumentar durante el verano. Para este 2026, la FDA investigó ya seis brotes. Pero se cree que el mayor brote en nueve estados del Medio Oeste estaría vinculado a lechuga iceberg cultivada en México.
El agua contaminada puede ser una causa
Uno de los antecedentes más relevantes ocurrió en 2020, cuando una investigación de la FDA detectó rastros del parásito en el agua de un canal de riego durante la revisión de un brote asociado con ensaladas envasadas. Aunque ese hallazgo fortaleció la hipótesis de que el agua contaminada representa uno de los principales vehículos de transmisión, las autoridades no pudieron demostrarlo.

Según especialistas en inocuidad alimentaria, la contaminación podría originarse por fallas en sistemas sépticos, desbordamientos de alcantarillado o el manejo inadecuado de residuos sanitarios cercanos a las zonas agrícolas. Otra posibilidad, aunque considerada menos probable, es la manipulación de alimentos por personas infectadas.
Actualmente, las pruebas para detectar *Cyclospora* en agua de riego o productos agrícolas no son obligatorias en Estados Unidos, sino voluntarias.