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Detrás de los muros de Adelanto: dientes arrancados, celdas de castigo y el grito silenciado de los migrantes

Andrei Karamychev, un ciudadano ruso, ha relatado a diferentes organizaciones de derechos civiles las cinco semanas que vivió detenido bajo la custodia de las autoridades de ICE del centro de Adelanto en California
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Activistas protestan por abusos y discriminación en centro de detención de ICE en Adelanto, California
Organizaciones civiles y líderes religiosos exigen cambios inmediatos en el <b>centro de detención de inmigrantes de Adelanto</b>, California. Los manifestantes <b>denuncian represalias contra cerca de 20 internos</b> que mantienen una <b>huelga</b> de <b>hambre</b> <b>desde</b> el <b>20 de mayo</b> para <b>protestar</b> por la <b>falta de atención médica, racismo y mala alimentación</b>. Activistas realizaron una simulación de muertes para visibilizar los fallecimientos ocurridos bajo la custodia de las autoridades migratorias.<br/><br/><h2 class="cms-H2-H2"><b><a href="https://www.univision.com/shows/la-voz-de-la-manana/camara-de-representantes-aprueba-resolucion-para-limitar-las-acciones-militares-de-trump-contra-iran-video" data-cms-id="0000019e-9292-d8bc-afff-d6d294940000" data-cms-href="/shows/la-voz-de-la-manana/camara-de-representantes-aprueba-resolucion-para-limitar-las-acciones-militares-de-trump-contra-iran-video" link-data="{&quot;cms.content.publishDate&quot;:1780582981986,&quot;cms.content.publishUser&quot;:{&quot;_ref&quot;:&quot;0000019b-bd5b-d675-a1fb-fddb23010000&quot;,&quot;_type&quot;:&quot;6aa69ae1-35be-30dc-87e9-410da9e1cdcc&quot;},&quot;cms.content.updateDate&quot;:1780582981986,&quot;cms.content.updateUser&quot;:{&quot;_ref&quot;:&quot;0000019b-bd5b-d675-a1fb-fddb23010000&quot;,&quot;_type&quot;:&quot;6aa69ae1-35be-30dc-87e9-410da9e1cdcc&quot;},&quot;link&quot;:{&quot;attributes&quot;:[],&quot;item&quot;:{&quot;_ref&quot;:&quot;0000019e-9292-d8bc-afff-d6d294940000&quot;,&quot;_type&quot;:&quot;431a5800-2fb3-3b19-9801-23dc4b0ff9a8&quot;},&quot;_id&quot;:&quot;0000019e-9304-d966-abbf-bf9e125f0001&quot;,&quot;_type&quot;:&quot;c3f0009d-3dd9-3762-acac-88c3a292c6b2&quot;},&quot;linkText&quot;:&quot;&lt;b&gt;Cámara de Representantes aprueba resolución para limitar las acciones militares de Trump contra Irán&lt;/b&gt;&quot;,&quot;_id&quot;:&quot;0000019e-9304-d966-abbf-bf9e125f0000&quot;,&quot;_type&quot;:&quot;809caec9-30e2-3666-8b71-b32ddbffc288&quot;}">Cámara de Representantes aprueba resolución para limitar las acciones militares de Trump contra Irán</a></b></h2>

La primera noche que Andrei Karamychev durmió en el centro de detención de ICE en Adelanto, supo que las reglas de su vida habían cambiado radicalmente. Era junio de 2025. Un año antes, la policía de Florida le había fracturado la muñeca y destrozado el hombro derecho durante su arresto. Cuando su caso penal fue desestimado, pensó que recuperaría la libertad; en cambio, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) lo tomó bajo su custodia y lo envió al desierto californiano.

Con el brazo derecho prácticamente inútil y un crujido constante en la articulación, Karamychev imploró una litera inferior. Subir una escalera usando una sola mano era una ruleta, valga la expresión, rusa. La respuesta del personal fue ubicarlo en una litera superior durante tres meses. Para el dolor crónico, le dieron Tylenol. "Nosotros elegimos nuestra verdad", le diría meses después un teniente del centro. Esa frase resume el aislamiento y la desatención médica sistemática que describe Karamychev en una declaración jurada el pasado 27 de febrero, pieza clave en una demanda colectiva interpuesta ante el Tribunal del Distrito Central de California contra el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y los directivos de ICE.

La salud dental y el dolor

En Adelanto, según el testimonio del ciudadano de origen ruso de 47 años, la atención médica no se rige por la necesidad, sino por el calendario de la negligencia.

Tras llegar al centro, Karamychev empezó a sufrir dolores intolerables debido a múltiples caries. Los guardias le advirtieron que la política del centro dictaba que solo sería elegible para ver a un dentista tras cumplir seis meses de reclusión. Desesperado y ante un dolor que describe como "insoportable", terminó suplicando que le arrancaran las piezas dentales para detener el tormento.

Entre julio y noviembre de 2025, un técnico dental provisto de equipos portátiles montados improvisadamente en una sala —ante la inexistencia de un consultorio fijo— le extrajo al menos tres dientes, incluidos sus dos dientes frontales y una pieza lateral.

"Creo que habría sido posible salvar mis dientes con una endodoncia", lamenta en el documento. Hoy, sin la mayor parte de su mandíbula superior, Karamychev no puede masticar y se ve obligado a tragar la comida entera. Cuando cumplió los seis meses y exigió dentaduras postizas o empastes para las caries restantes, la respuesta fue tajante: como el personal no sabía cuándo sería deportado, no gastarían recursos en él.

Infecciones al límite

El calvario dental corrió en paralelo a una crisis epidemiológica interna. Karamychev encadenó tres contagios de influenza en menos de cuatro meses sin recibir información clara sobre las vacunas. Peor aún fueron las infecciones bacterianas de la piel, resistentes a los antibióticos, que florecieron en su pecho, oreja y piernas debido, según su denuncia, a la falta de higiene de las instalaciones y la dudosa calidad del agua.

En septiembre de 2025, su rodilla derecha comenzó a llenarse de pus. Pasaron semanas de solicitudes médicas ignoradas y fiebres altas antes de que un médico lo revisara. Para el 25 de octubre, la rodilla había duplicado su tamaño, presentaba una coloración verdosa y purpúrea, y la infección medía casi diez centímetros de ancho.

El diagnóstico exterior fue fulminante: traslado de emergencia al hospital de Victorville. Allí fue sometido a una cirugía de urgencia para salvarle la pierna. Durante su estancia en el hospital, Karamychev permaneció encadenado a la cama, custodiado por dos guardias, una escena que se repetía en otras once camas ocupadas por reclusos de Adelanto. Según relata, el propio médico del hospital increpó al personal de ICE: "¿Por qué no contratan más personal médico? "Nos siguen mandando gente a emergencias todo el tiempo". Los registros internos que constan en la denuncia detallan que el área médica de Adelanto opera con apenas tres personas para procesar más de 500 llamadas de auxilio de internos.

El castigo por hablar

La tensión acumulada en el centro estalló el 26 de julio de 2025. Cerca de la mitad de los internos de la unidad habían sido trasladados desde Florida y llevaban dos meses encerrados sin que se les notificara formalmente el motivo de su detención ni sus fechas de audiencia.

Cansados del silencio burocrático, una decena de detenidos comenzó a gritar al unísono para exigir la presencia de sus oficiales de caso. La respuesta institucional fue implacable. Equipos de guardias irrumpieron en las celdas. Los manifestantes fueron sometidos violentamente contra el suelo, golpeados y rociados con gas pimienta directamente en el rostro. La agresión agravó de forma permanente las lesiones del hombro de Karamychev.

Tras pasar horas bajo una ducha intentando limpiar sus ojos ciegos, él y otros cinco compañeros fueron enviados a celdas de aislamiento. Se le impuso una sanción inicial de dos meses bajo el argumento oficial de que había "atacado a los oficiales". Cuando Karamychev negó la acusación y recordó que la protesta había sido pacífica, recibió la cínica réplica del oficial al mando: "Nosotros elegimos nuestra verdad”.

Cinco semanas en el limbo

Karamychev pasó 35 días en aislamiento bajo un régimen de confinamiento de 23.5 horas diarias. Su única ventana al exterior eran 30 minutos en un patio enjaulado de tres por tres metros, impregnado con olor a orina. En el módulo de aislamiento, la comida se servía fría, el agua potable se racionaba a petición del guardia y las paredes mostraban capas de moho y manchas de deshechos orgánicos pegadas al suelo. Durante ese periodo, se le prohibió el acceso a la biblioteca jurídica y se le canceló el derecho a emitir quejas o peticiones de salud.

Finalmente, sus captores lo devolvieron a la población general antes de cumplir la condena impuesta. La razón económica superó a la disciplinaria: necesitaban vaciar la celda de castigo para que entraran nuevos detenidos. "Sentí que me liberaron porque tenían gente nueva a la que querían quebrar", concluye Karamychev.

A día de hoy, las cicatrices físicas en su pecho y pierna son permanentes. Las psicológicas, marcadas por ataques de pánico y un estado de paranoia constante, continúan expandiéndose bajo el calor asfixiante de un centro de detención que prefiere extraer dientes a curar infecciones.