La Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP) reforzó las medidas de seguridad en la garita de Nogales, Arizona, después de que varios solicitantes de asilo corrieron entre los carriles tratando de agilizar su presentación ante oficiales migratorios que escucharan sus casos y los dejaran entrar a Estados Unidos.
Al parecer fue una acción para evadir una nueva política del gobierno Trump que les exige permanecer varios meses en México mientras avanzan sus trámites. Es conocida como 'Remain in Mexico'. Se desconoce cuántas personas intentaron ingresar de esa forma al país.
Este incidente ocurrió la noche del 26 de noviembre, antes del feriado por la cena de Acción de Gracias, afectando el lento cruce de vehículos hacia el estado de Arizona, informó la agencia en un comunicado. Entre el fin de semana y el lunes, los automovilistas debieron esperar en fila hasta cinco horas para llegar a sus destinos, porque la CBP bloqueó algunos carriles.
Ahora ese puerto de entrada tiene grandes barricadas de metal individuales que, en caso de ser necesario, son unidas para crear una valla metálica. También desplegó más agentes federales y pidió ayuda a la Policía mexicana, que ha realizado revisiones adicionales.
Una medida similar tomó la CBP a finales de 2018 en la garita de San Ysidro, California, por la llegada a Tijuana (México) de una enorme caravana de migrantes centroamericanos. Allí también colocaron bloques de concreto con enormes rollos de alambras de púas. En ese entonces también trataron de ingresar corriendo entre los más de veinte carriles que tiene ese puerto de entrada.
En otro comunicado publicado este miércoles, la CBP señaló que ya han ocurrido “intentos de incursión masiva” en otras garitas, pero los catalogó como una estrategia de las organizaciones criminales “que intentaban contrabandear cosas ilícitas a través de la frontera”.
La dependencia federal aclaró este miércoles que no se trata de una “nueva tendencia” que usan los solicitantes de asilo. Un reporte de la agencia AP señala que los migrantes no solo emplean esa técnica, sino que “alquilan autos para intentar ingresar” al país. Porque ya no quieren estar en México.
“Eso no es correcto. Estos intentos recientes de entrada ilegal fueron realizados por personas que llegaron recientemente a México, en busca de una entrada ilegal a Estados Unidos”, mencionó la CBP.
Advirtió que los migrantes que irrumpieron en la garita de Nogales enfrentarían consecuencias legales y hasta deportaciones. “Estas medidas permiten a la CBP mantener un flujo seguro y ordenado en los puertos de entrada, aliviar el tráfico y facilitar aún más el flujo legítimo de comercio y viajes”, dijo.
En el lado mexicano también se reforzó la presencia policiaca. El diario Arizona Daily Star informó que agentes del orden en Nogales, Sonora, estaban revisando autos que se dirigían a la garita el lunes.
Se calcula que unos 3,000 migrantes centroamericanos están varados en Nogales, Sonora, mientras esperan su turno para solicitar asilo a EEUU. En mayo, Univision Noticias reportó sobre varias familias que duermen afuera de un cementerio por la falta de camas en los albergues de esa ciudad.
“Creo que hay mucha desesperación e incertidumbre”, dijo a la agencia AP, Katie Sharar, vocera de la organización Kino Border Initiative. “No saben qué les está sucediendo, no saben cómo los afectarán los cambios de política”, agregó.
Enviar a niños solos para que crucen la frontera: el drama de decenas de familias de migrantes
Acampando a la entrada de un cementerio en la frontera: así viven estos hondureños esperando pedir asilo en EEUU
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Ellos son parte de un grupo de 20 familias centroamericanas que decidieron vivir a la entrada de un viejo y colorido cementerio en Nogales, México. Según estos migrantes, los albergues gratuitos están llenos y no pueden pagar las cuotas semanales que cobran otros refugios.
Ana María Rodriguez
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Decidieron vivir en el Panteón Nacional porque en frente de las canchas de básquetbol están las oficinas del Instituto Nacional de Inmigración (INM), que les ofrece sanitarios y otros servicios. A dos cuadras está el comedor del Kino Border Iniciative, una organización sin fines de lucro que provee alimentos dos veces por día y atención médica a migrantes.
Ana María Rodriguez
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Heidy Casco, 44, vive en el campamento con sus hijos más pequeños. En la foto muestra un retrato de su hijo fallecido. “Yo estoy aquí porque acribillaron a mis dos hijos. Yo pensé que ellos me iban a enterrar a mí. Nunca pensé que yo iba a enterrarlos”, lamenta.
Ana María Rodriguez
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“Esa es mi mansión”, dice Heidy señalando una carpa de acampar azul a la entrada del cementerio. Es la única tienda de campaña en el campamento. Hace dos meses que llegó con sus dos hijos menores, Alejandra, de 9 años, y Juan Carlos, de 14.
Ana María Rodriguez
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Alejandra (der), hija de Heidy Casco, y Sofía (izq), hija de otra migrante del grupo, juegan a la entrad del Panteón Nacional. No van a la escuela, pero se divierten jugando entre tumbas, dicen que son buenos escondites.
Ana María Rodriguez
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Alejandra no teme jugar entre tumbas. En Honduras visitaba a sus hermanos en el cementerio a menudo. Sus hermanos, Guillermo y Osman, murieron en un tiroteo en Honduras hace 4 años. “A veces me aburro porque no estoy con mi papa,” dice.
Ana María Rodriguez
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Alejandra y Sofía pasan los días tirando la pelota en las canchas de básquetbol y jugando a las escondidas entre tumbas. Según Alejandra, hay que temerle más a los vivos que a los muertos.
Ana María Rodriguez
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Un oso de peluche cuelga del muro del cementerio.
Ana María Rodriguez
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Heidy cuenta que en Nogales los ven con “indiferencia”, como si fueran “un bicho raro”. Antes de llegar a Sonora estuvo cuatro meses en Chiapas, en la frontera entre México y Guatemala, donde sufrieron de discriminación, dice.
Ana María Rodriguez
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“Yo estoy pidiendo asilo para proteger a mis hijos pequeños. No quiero que les pase lo mismo que a los otros dos. Si me niegan el asilo yo me regreso otra vez. Lucharé hasta las últimas consecuencias”, asegura Heidy.
Ana María Rodriguez
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Araceli Aguilar, 35, es también de Honduras. Vino sola con su hija de 8 años. Tenía una cafetería, pero lo dejó por amenazas. “Me llamaban diciendo: ‘ya sé a qué se dedica tu esposo’, ‘si no pagas le haremos algo a tus hijos’. Por eso decidí venir”, dice.
Ana María Rodriguez
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Una biblia es una de las pocas posesiones de Araceli. “A veces uno se desespera. Es terrible dormir en el piso, aguantar el frío, estar en la calle. Aquí está uno expuesto a todo”, lamenta.
Ana María Rodriguez
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La madre de Alejandra, Heidy, cree que los pandilleros que le exigían un porcentaje de las ganancias de su negocio de venta de ropa y lácteos fueron los mismos que mataron a sus hijos. “Me advirtieron que yo sería la próxima (en ser asesinada), que le iba a hacer compañía a mis hijos”, asegura.
Ana María Rodriguez
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El muro del cementerio se ha convertido en una repisa para colocar un cepillo de dientes y un frasco de loción vacío. La mayoría de las familias centroamericanas llevan más de dos meses viviendo en el campamento.
Ana María Rodriguez
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Las autoridades locales les prometieron unas colchonetas que nunca llegaron. La vecina les deja lavar su ropa por 20 pesos mexicanos.
Ana María Rodriguez