Por primera vez en Estados Unidos nació una bebé que fue gestada en el útero que recibió su madre de una donante fallecida, lo cual se convierte en una gran esperanza para mujeres con infertilidad a causa de problemas uterinos, informó en un comunicado el equipo médico de la clínica Cleveland.
La niña nació vía cesárea a mediados de junio. Su madre, una mujer en los 30, nació sin útero y se apuntó al experimento de este equipo médico para mujeres con el factor uterino de infertilidad (UFI, por sus siglas en inglés).
Tanto la niña como la madre se encuentran bien y fueron dadas de alta al tercer día.
"El trasplante uterino es un campo en rápida evolución", dijo en el comunicado de la institución la especialista en medicina materno-fetal Uma Perni, que formó parte del equipo de atención a la madre.
"Es importante recordar que esto todavía está bajo investigación, pero es emocionante ver qué opciones pueden tener las mujeres en el futuro", dijo la especialista.
Nace la primera bebé estadounidense de un útero trasplantado de una donante fallecida
Las mujeres con UFI (1 de cada 5,000) o no tienen útero originalmente o se les extrajo por algún motivo, y por tanto, no pueden quedarse embarazadas. Según los responsables, el estudio de la clínica Cleveland, con una primera muestra de 10 mujeres, busca evaluar no solo si estas podrían quedarse embarazadas (por fertilización in vitro) si no si es posible llevar a término el embarazo y dar a luz.
"El trasplante de útero en una mujer es un procedimiento complejo que requiere la supresión de la respuesta de su sistema inmunológico", explica el cirujano de trasplantes Andreas Tzakis, en el comunicado de la institución.
"A través de esta investigación, nuestro objetivo es hacer estos eventos extraordinarios ordinarios para las mujeres que eligen esta opción. Estamos agradecidos de la donante. Su generosidad permitió que el sueño de nuestra paciente se hiciera realidad y que naciera una nueva bebé ", expresó.
Una intervención reciente
Desde que comenzó la prueba, el equipo ha completado cinco trasplantes de útero de donantes fallecidas, tres de los cuales tuvieron éxito (incluido este). Actualmente, dos mujeres están esperando recibir los embriones fecundados in vitro, y varias candidatas esperan el trasplante.
Según el doctor Tommaso Falcone, miembro del equipo de trasplantes citado por CNN, la nueva mamá eligió retirar el útero trasplantado tras dar a luz a su bebé, ya que este tipo de procedimiento no tienen larga duración.
En 2017 nació el primer bebé gestado en un útero donado por una fallecida, en Brasil, y también fue una niña. Su madre, de 32 años, también había nacido sin útero y lo recibió de una paciente de 45 años que sufrió un ictus, aunque en el caso de la clínica Cleveland suelen aceptar solamente úteros de mujeres de entre 18 y 40 años, cuando se puede asumir que aún no han entrado en la menopausia.
También en 2017 se llevó a cabo el primer nacimiento de un bebé por un trasplante de útero en Estados Unidos, en este caso de donante viva.
El trasplante de útero es una intervención reciente y cada vez más demandada, con lo cual se busca que pueda efectuarse de donantes fallecidas ya que extraer el útero a una donante viva puede implicar someter a una persona saludable a una intervención riesgosa y compleja por un procedimiento que no es de vida o muerte para quien lo recibe, explican los científicos de la clínica Cleveland, aunque todo el proceso de los embarazos en úteros trasplantados no está exento de polémica.
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"No podemos seguir así, hemos esperado mucho, todos los días alguien cae", advierte Evellyne Fernández, madre de Edenny, una joven de 15 años diagnosticada con talasemia mayor, una forma de anemia severa que obliga a hacer transfusiones de sangre cada tres semanas. La joven, que sueña con ser abogada, recibe transfusiones desde que tenía tan solo siete meses de nacida y contrajo hepatitis C por una donación de sangre a la que no se le aplicaron protocolos de serología pertinentes, porque en el país no hay los reactivos necesarios para realizar estudios clínicos, según denuncian los médicos.
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Cristina es una adolescente con talasemia. Antes de enfermarse era modelo, tocaba el violín y soñaba con ser publicista. Espera por un trasplante de médula desde 2014, pero en 2016 su situación comenzó a agravarse y, como Edenny, contrajo hepatitis C por una transfusión de sangre. Además, padece malnutrición moderada, producida por la misma talasemia, y lupus eritematoso sistémico. Su madre, Rosa Colina, cuenta que, en ocasiones, la vence el desánimo: “Ya, mamá, no quiero más”, le dice.
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Jerson, de 14 años, con su madre, Verioska Martínez. Sufre de aplasia medular severa. El Trombopac, un medicamento que podría ayudarle, no se puede conseguir en Venezuela. Quien tiene la suerte de encontrarlo, puede llegar a pagar 800 dólares por él. Además, los niños necesitados de transfusiones deben tomar un medicamento que ayuda a reducir la sobrecarga de hierro en la sangre. A finales del pasado año dejaron de tomarlo porque el Estado ya no se lo proporciona y es muy difícil de conseguir en el país.
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Según el último estudio de la organización Médicos por la Salud, 1,557 pacientes murieron en centros sanitarios por falta de material y 79 por apagones entre el 19 de noviembre y el 9 de febrero pasado. Inés Zarza tiene mellizas de siete años. Una de ellas, María Elena (en la fotografía), padece anemia drepanocítica severa (que destruye los glóbulos rojos). La madre critica que el gobernante Nicolás Maduro haya aprobado un gasto de 50 millones de euros para la creación de una industria militar textil y otros más de seis millones de euros para la fabricación de armas. “En su mente tienen una guerra en la que nadie va a pelear con ellos", dijo a la agencia EFE. No ha podido practicarle la prueba a las mellizas para ver si son compatibles para el trasplante porque no puede pagar los 2,600 dólares que cuesta.
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"Entre madres uno se ayuda, a veces yo me paro ahí en el hospital a preguntar quién tiene un medicamento, y si alguien lo tiene me lo da y yo después se lo repongo, y así", cuenta Jacqueline Sulbarán, en la foto con su pequeño de 10 años que sufre leucemia. El niño debe recibir quimioterapia durante dos años para evitar que la enfermedad regrese, y su madre pelea contra las dificultades. En el hospital "no hay nada" y los tratamientos están paralizados porque se dañó el aire acondicionado de la sala. Maduro culpa a Estados Unidos de la paralización de este programa, pues asegura que el gobierno de Donald Trump le impuso un "bloqueo económico" que le impide pagar a la Asociación para el Trasplante de Médula Ósea (ATMO) de Italia.
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Zulema González junto a Juan Manuel, quien fue diagnosticado con anemia cuando tenia seis meses, pero pasó a ser severa cuando, en enero de 2017, sufrió un accidente cerebrovascular. En febrero de este año sufrió otro. "Mi hijo necesita el trasplante porque cada 21 días se trasfunde. Su sangre es B+. Me ha tocado comprar sangre pero a veces no logro conseguirla y pasó más de un mes sin trasfundirse. Acá no hay sangre congénica porque no hay reactivos y el gobierno como siempre no ha hecho nada por solucionar ese problema de forma real para los niños con esta condición. Médicos y organizaciones no gubernamentales resaltan que la paralización del convenio de tranfusiones con Italia no se debe a las sanciones de EEUU, ya que el programa presenta retrasos desde 2015, pero el deterioro de los hospitales se viene produciendo desde hace al menos una década".
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Elsa Murillo con su hijo Miguel Alejandro, de 16 años. Fue diagnosticado en 2007 con Beta-Talasemia mayor, una enfermedad genética que se caracteriza por la anemia severa y que obliga al adolescente a someterse a transfusiones de glóbulos rojos cada tres semanas. "Me pongo triste cuando veo que él pierde el ánimo. A veces me dice que ya no quiere más", dijo Murillo.
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Norilsa Aparicio y su hijo Oscar, de 16 años, quien tiene la condición de Beta-Talasemia mayor. "Mi hijo manifestó la enfermedad a los cuatro meses de nacido. La médula de él no produce glóbulos rojos. La enfermedad es un poco manejable pero llevamos 14 años pidiendo el trasplante. Esta enfermedad es hereditaria. Me arriesgué a tener otro hijo para ver si eran compatibles, pero no, mi hija también es portadora, ella tiene 10 años. Lo más difícil para mí ha sido aprender a ser madre de este manera.
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Trasplante de médula: lucha de niños venezolanos contra la muerte y el Estado
Yelitza Parra junto a su hijo Alyeiner Moisés, de siete años, quien fue diagnosticado con Aplasia medular severa y necesita constantemente tratamientos y transplantes, sobre todo plaquetarios. También padece de Hepatitis C y síndrome de Cushing. Fue diagnosticado a los cuatro años de edad gracias a exámenes de rutina en el colegio. "A mí me ha tocado comprar las agujas para hacerle la hematología a mi hijo", dijo Yelitza.
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De los 30 pacientes en espera por tranfusión de médula, cuatro murieron en mayo. Uno de ellos, Robert, necesitaba Vancomicina y Meropenem, dos antibióticos para tratar infecciones graves que no pudo ingerir porque su madre, Geraldine Labrador (en la foto cargando el retrato de Robert) no los encontró. Ella culpa a la "negligencia del Estado" por la muerte de su hijo. "El miércoles pasado (15 de mayo) fuimos al hospital. Lo dejé allí con otras mamás conocidas mientras le buscaba el desayuno. En ese momento recibí la llamada de una de ellas y me dice que Robert estába mal (...), durante 40 minutos las doctoras estuvieron ayudándolo (...). Estuve con él, lo besé mucho y decidí que se le quitaran todos los tubos. No merecía seguir sufriendo más", contó Geraldine.
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