“Quedamos marcados de por vida”: cómo una funeraria hispana se saturó por la pandemia
En el corazón de un vecindario de inmigrantes impactado por los contagios en California, una funeraria hace lo posible por reducir el número de cadáveres que llegan a su morgue… pero no ha podido.
"El impacto emocional ha sido increíble": así se ha vivido la pandemia del coronavirus en las funerarias
La cantidad de muertes ha saturado los servicios fúnebres durante el último año. La Funeraria Continental en Los Ángeles, California, ha sido una de las afectadas y allí se ha tenido que contratar a más trabajadores para cubrir turnos dobles y atender la alta demanda. Muchas familias se han afectado por la tardanza en estos negocios. <b><a href="https://www.univision.com/noticias" target="_blank" link-data="{"cms.content.publishDate":1615315224102,"cms.content.publishUser":{"_ref":"00000158-64dd-d44f-a9fa-f6dde3b00000","_type":"6aa69ae1-35be-30dc-87e9-410da9e1cdcc"},"cms.content.updateDate":1615315224102,"cms.content.updateUser":{"_ref":"00000158-64dd-d44f-a9fa-f6dde3b00000","_type":"6aa69ae1-35be-30dc-87e9-410da9e1cdcc"},"link":{"target":"NEW","attributes":[],"url":"https://www.univision.com/noticias","_id":"00000178-1849-d505-a179-99cb85f90000","_type":"ff658216-e70f-39d0-b660-bdfe57a5599a"},"linkText":"<b>Más información aquí.</b>","_id":"00000178-1849-d505-a179-99cb85f60000","_type":"809caec9-30e2-3666-8b71-b32ddbffc288"}">Más información aquí. </a></b>
“Tengo mucho miedo. Quedé atemorizada de ver filas y filas de cuerpos, y no disminuían. Todavía tenemos muchos”. Así describe Magda Maldonado su experiencia profesional más complicada en cuatro décadas. Su funeraria en el Este de Los Ángeles ha registrado el horror de la pandemia en la comunidad hispana, la más golpeada en California. Allí tienen 190 cadáveres y no hay espacio para uno más.
A lo largo de un año se han saturado varias veces. Un tiempo fue por los lentos trámites de las autoridades que cerraron sus oficinas, luego por la falta de ataúdes y ahora porque los cementerios no han podido construir suficientes depósitos de cemento. La espera se ha extendido a tres meses.
“Tengo cuerpos de personas que murieron a finales de diciembre”, dice Maldonado, propietaria de la funeraria Continental Funeral Home, en el corazón de uno de los vecindarios más impactados por el coronavirus, al ser entrevistada por Univision Noticias.
En el Este de Los Ángeles más de 380 personas murieron por complicaciones derivadas de esa enfermedad, eso es diez veces más que los fallecidos por la misma causa en Beverly Hills.
Patrick T. Fallon/ Getty Images
Un velorio en el estacionamiento de la funeraria Continental Funeral Home en el Este de Los Ángeles, en California.
El virus se ensañó con los hispanos en Los Ángeles. Ellos representan la mitad de los 22,000 muertos y de los 564,000 contagios registrados en esta metrópoli. Pero se han quedado atrás respecto a la tasa de vacunación. Según el Departamento de Salud Pública del condado, el 43% de los adultos mayores de origen latino han recibido al menos una dosis, en contraste con el 59% de los blancos.
En la funeraria Continental aún no ven la luz al final del túnel, ni siquiera por las jornadas de vacunación y la promesa del presidente Bidende poner el antídoto a disponibilidad de todos los adultos en Estados Unidos para mayo.
“Hay una mala percepción de que ya hay vacunas, que levantaron las restricciones y de que esto ya se acabó. Pero sigue habiendo casos. Estamos a tal grado que la funeraria ya no puede recibir a nadie más”, advierte Geraldo Rodríguez, quien es consejero funeral del establecimiento.
“Estamos en un cuello de botella. Hay muchos fallecidos que están en los hospitales, esperando su turno para ser llevados a los crematorios y a los cementerios”, lamenta. “Estamos en el principio del fin, pero es lo más difícil”, subraya.
Inmigrantes indocumentados, una de las comunidades que más ha sufrido con la pandemia del coronavirus
“Era un hombre muy trabajador”
Más de 2,000 cadáveres, la gran mayoría de hispanos, han pasado por esta funeraria desde marzo de 2020. Alrededor del 20% han sido enviados a México. Ese proceso es todavía más engorroso y costoso (vale unos 7,500 dólares). Las aerolíneas aceptan llevar un solo cuerpo por cada vuelo. “Si alguien muere hoy y lo enviaran a México, llegaría hasta principios de julio”, calcula Rodríguez.
Fue tanta la demanda que este negocio tuvo que alquilar dos refrigeradores para colocar los cadáveres que ya no cabían en su morgue. Pero su principal temor es que por alguna falla eléctrica estos depósitos portátiles dejen de funcionar, lo cual crearía un grave problema de salud en el barrio.
Dentro del establecimiento también se han hecho modificaciones, como retirar las sillas y los muebles de la capilla para hacer más espacio. Los velorios ahora se realizan en el estacionamiento, bajo una carpa blanca y con poca gente. La capacidad máxima es de 30 personas por cada funeral.
En la víspera del Año Nuevo allí velaron a Gilberto Arreguin Camacho, un inmigrante de 58 años que pasó más de tres semanas en un hospital antes de su muerte. El coronavirus le ganó la batalla.
Patrick T. Fallon/ Getty Images
Gilberto Arreguin Camacho fue velado por sus familiares el 31 de diciembre de 2020.
“Tenía tanto amor en su corazón por su familia”, dijo su hijo Néstor Arreguin, a la agencia Getty Images. “Siempre tenía consejos para ti cuando los necesitabas”, agregó Arreguin.
Su padre era pintor de automóviles y fanático de Las Chivas, el popular equipo de futbol mexicano. En el sepelio se colocó una foto en la cual posa sonriendo con una camiseta del conjunto de sus amores. Sus familiares en México lo despidieron a través de una transmisión en vivo por internet.
“Era un hombre muy trabajador. Trabajó toda su vida. Llegaba tarde a la casa, trabajando tan duro para mantener a su familia. Voy a tratar de seguir su legado”, recordó su hijo, según Getty Images.
“Uno tras otro, uno tras otro”
Para esta industria, la pandemia no ha dado tregua. La funeraria Continental ha tenido días hasta con 13 servicios continuos, algo que jamás habían anticipado ni siquiera en los preparativos para catástrofes mayores, como un terremoto.
“Nos ha pasado que tenemos servicios en el mismo cementerio a las 10 am, a las 11 am, al mediodía. Uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro”, dice Rodríguez, quien cuenta con pesar cómo algunas familias han estado de luto varias veces por el virus.
“Hemos hecho servicios donde está el papá y la mamá. Uno falleció un día y el otro, tres semanas después, y los sepultaron juntos. Llegó un punto en que eso se hizo común”, describe quien ha trabajado más de una década en esta industria.
“En casos más extremos fallecieron tres o más familiares de la misma casa”, lamenta.
Patrick T. Fallon/ Getty Images
Ataudes exhibidos en la funeraria Continental Funeral Home.
En los cuatro establecimientos de la funeraria Continental en el sur de California hay tanta carga de trabajo que tuvieron que hacer contrataciones. Algunos de los nuevos empleados fueron despedidos de restaurantes que cerraron por la contingencia. Creció la nómina, pero los descansos siguen limitados.
La dueña Magda Maldonado, una inmigrante de Nayarit y de 58 años, dice que lo más difícil para ella ha sido tener que decirles a sus clientes que no puede recoger los cadáveres de sus seres queridos en los hospitales. Jamás lo había hecho desde que compró su primera funeraria en octubre de 2009.
Un día, relata, un hombre le suplicó entre sollozos que fueran por el cuerpo de su esposa, que tenía varios días en una clínica de Hawthorne. Al final encontraron la manera de ayudarle. “Cuando le dijimos que sí iríamos yo sentí que el espíritu del señor se relajó. Las familias sufren mucho”, comenta.
Maldonado cree que es posible que ella y sus empleados terminen con secuelas psicológicas, que quizás no han sentido por la excesiva carga de trabajo. “Hay historias tan tristes que te sacuden el piso… Esto es muy traumático, todos quedamos marcados de por vida”, dice.
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📷 "Sin ellos no llegarían los alimentos a los hogares": estos migrantes nunca dejaron de cosechar pese a temer contagiarse
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La vida en los campos de Florida - Algunos campos de vegetales de Homestead, una ciudad con una gran producción agrícola del sur de Florida, redujeron su ritmo en medio de la pandemia pero lograron seguir llevando alimentos a los supermercados y hogares del Estados Unidos. Ese fue el caso de estos surcos de ocra donde un trabajador cosecha casi cubierto de pies a cabeza, en parte para evitar contagiarse con el coronavirus.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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Vegetales que van al norte - Este es uno de los campos de ocra de Sifuentes Farms, donde la producción se redujo cerca de un 60% cuando sus principales compradores en Nueva York cerraron sus negocios al arreciar la pandemia a mediados de marzo.
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Decenas de cajas repletas perdidas - La ocra es un vegetal con una textura parecida al nopal consumido ampliamente en México. Debe ser recolectado de la plata cuando alcanza apenas unos tres centímetros o, de lo contrario, puede crecer demasiado y ser rechazado en los puntos de compra. Muchas de estas cajas como las de la imagen se perdieron cuando la crisis secó la demanda casi por completo.
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La esencial mano de obra migrante - Los trabajadores de estos campos de ocra son casi en su mayoría inmigrantes indocumentados que han seguido trabajando a pesar de temer contagiarse porque no recibieron ayuda del paquete de estímulo económico aprobado en el Congreso a fines de marzo y deben mantener en la medida de lo posible sus fuentes de sustento. Trabajan cubiertos con bolsas de plástico y con mascarillas ya sea para evitar un contagio como la picazón que pueden producir los arbustos de ocra con el constante roce.
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De recolector a dueño de cientos de acres - Pedro Sifuentes llegó a Estados Unidos en 1999 desde su natal México. "Como cualquier inmigrante que llega, me acuerdo que en ese tiempo no conocía a nadie en la región. Me tocó vivir en un parque por una semana hasta conseguir trabajo, fui trabajador en el campo, siempre busqué el campo porque en México desde muy pequeños nos dedicamos a trabajar en el campo", contó a Univision Noticias. Pedro cultiva ahora unos 1,400 acres de ocra y otros cultivos como la calabaza.
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"También somos unos héroes" - Blanca Rivas es una migrante de Guatemala que lleva 14 años en los campos de Homestead. En este de Sifuentes Farms supervisa todos los días desde bien temprano en la mañana las labores de recolección de unos 55 trabajadores. "Nosotros también somos unos héroes, somos unos héroes porque a pesar del miedo y la pandemia estamos aquí. No hemos fallado ni un día, estamos aquí levantando vegetales, recogiendo las cosechas para que cualquier persona tenga un plato de comida en su casa, estamos aquí sin saber qué pasa mañana", dijo a Univision Noticias.
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"Tengo miedo, pero tengo que trabajar" - Teresita es una migrante indocumentada de México que ha seguido trabajado sin tregua en los campos de ocra. "Aunque tengo miedo, tengo que trabajar. Porque si voy a estar en la casa nadie nos va a mantener. Nosotros necesitamos dinero para pagar la renta... todo", relató haciendo un alto en uno de los surcos que cosecha día tras día junto con su esposo.
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Una contingencia inédita - La crisis llevará a que los agricultores de Florida pierdan unos $522 millones de dólares este año, estima el gobierno estatal. Para algunos agricultores como Pedro Sifuentes la meta es sobrevivir a la crisis lo mejor que se pueda hasta que haya una vacuna o un tratamiento contra la enfermedad.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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"Los indocumentados somos los que andamos agachados" - En un recorrido realizado por Univision Noticias por los campos de Homestead, los trabajadores contaron lo sacrificado que es su trabajo. 'Piscan' o recogen los cultivos con lluvia o con un sol abrasador. "Nosotros los indocumentados somos los que andamos así agachados, a veces uno cuando llega a la casa ni puede ir al baño por el dolor de espalda. Y al otro día volvemos a los mismo", relató Sofía Santiago, una de las trabajadoras de la ocra.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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'Piscando' bajo lluvia, sol y sereno - Los arbustos de ocra son cosechados desde que están casi pegados al suelo. A medida que crecen se facilita 'piscar' los pequeños vegetales que salen de una flor amarillo brillante.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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En busca de ocras para cosechar - Un trabajador separa las hojas en busca de la ocra. Luego la va acumulando en la cubeta que lleva sobre su espalda.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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Un día que arranca muy temprano - La jornada arranca desde las 3:00 de la mañana aproximadamente. Para poder ver dónde está la ocra, los trabajadores llevan en sus frentes un bombillo.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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Una zona rica en cultivos - Una trabajadora 'pisca' berenjena en un campo en Homestead. Allí se plantan cultivos tan diversos –desde ocra y berenjena hasta calabaza y lychee– que los productores suelen requerir mano de obra casi todo el año.
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El golpe de la crisis en un campo de berenjena - Francisco Maldonado, un mexicano que migró en 1985, es el encargado de este campo donde se cultivan berenjenas. Con la crisis, Francisco también perdió temporalmente clientes en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, sus principales mercados. "Cuando eso cerró por allá arriba, las empacadoras aquí tuvieron que cerrar y no podían recibir productos. Entonces nosotros teníamos que siempre mantener cierta cantidad de parcelas para cortar diariamente. Y al no poderlas cortar, tuvimos que cancelar todo", explicó.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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"Uno tiene que pensar en ellos" - Pero en su campo, los trabajadores tuvieron al menos una labor que hacer durante los peores días de la pandemia. "Todas las semanas, la gente nunca dejó de trabajar, siempre recibieron su cheque por lo menos al 80%", aseguró. "Son personas que necesitan llevar su cheque a su casa cada semana porque tienen gastos. Algunos de ellos no tienen documentos y no tienen dónde pedir ayuda. Uno tiene que tratar de pensar en ellos", agregó a Univision Noticias.
Andrea Zárate/Univision Noticias
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"Todos somos iguales" - Melda Velázquez es una migrante guatemalteca que perdió su trabajo recogiendo guayabas. Tiene 10 hijos y le angustia no conseguir otro empleo que le ayude a pagar sus gastos básicos, como la electricidad y el arriendo. El gobierno "ayudó a toda la gente que dicen que tienen documentos de aquí y a nosotros no nos quisieron ayudar porque somos inmigrantes. Pero todos somos iguales, el que no tengamos papeles (no debería importar) (...) Tenemos nuestros hijos de aquí, ellos son nacidos aquí y ellos tienen derecho a la ayuda", lamentó.
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"Mira a tu alrededor para que veas quiénes están trabajando" - Claudia González es organizadora de la Asociación Campesinade Florida, que ha estado recopilando y entregando ayuda a los trabajadores del campo. "Antes nos decían ilegales y ahora somos esenciales. Con esto, ¿quiénes son los que están trabajando? Solo mira a tu alrededor para que veas quiénes son los que están trabajando", afirmó.
Mauricio Rodríguez Pons/Univision Noticias
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"Nos sentimos defraudados" - Blanca Marín también fue otra de las trabajadoras que perdió su trabajo en un vivero de Homestead. Pero esta guatemalteca que lleva cinco años en Estados Unidos no se amilanó y comenzó a coser mascarillas, lo que ahora se ha convertido en una microempresa que le ayuda a sufragar los gastos de su casa. Triste por no recibir la ayuda federal por la crisis a pesar de que paga impuestos con un número de identificación personal conocido como ITIN, contó que "tenía una máquina que me regaló una amiga. Entonces la tenía ahí empolvada, digo 'yo voy a hacer mascarillas, necesito un molde'. Saco un molde del internet, lo recortamos y empiezo con la tela que yo tenía ahí guardada...".