Raffael Spone, una mujer de 50 años oriunda de Pennsylvania, ha sido acusada de acoso cibernético luego de enviar de forma anónima fotos y videos falsos de las compañeras adolescentes de su hija a los entrenadores del equipo de porristas al que pertenecen.
En los videos se podía observar a las menores, rivales de su hija dentro del equipo, denudas mientras bebían y fumaban. Incluso dicho material fue enviado -también de forma anónima- a las propias víctimas a las que instó a suicidarse en un intento de avergonzarlas para que decidieran abandonar la escuadra, de acuerdo con The Inquirer.
A mediados del 2020, Spone manipuló imágenes de al menos tres miembros del Victory Vipers, un equipo de porristas de Doylestown. De acuerdo con las investigaciones citadas por el diario, la hija de la acusada -la cual no fue identificada públicamente- no estaba al tanto de lo que estaba haciendo su madre.
Tras lo ocurrido, uno de los padres de las víctimas contactó a la policía y pronto los oficiales pudieron constatar que había más víctimas que recibieron los mensajes de un número desconocido.
Los oficiales pronto pudieron determinar que se trataban de imágenes que habían sido alteradas digitalmente con fotos reales de las redes sociales de las niñas afectadas.
Además, la policía rastreó los números durante meses hasta dar con una IP originada desde la casa de Spone en Chalfont. Tras indagar en el celular de la acusada, la policía halló evidencia suficiente para vincularla con los números falsos de donde salieron los mensajes y las imágenes falsas. “La investigación llevó a la policía a una mujer adulta que estaba afiliada al grupo de porristas”, precisó el Departamento de Policía de Hilltown Township.
Poco más de siete meses después de haber enviado los mensajes, Spone fue detenida y acusada para luego ser puesta en libertad condicional. Ahora, la mujer tendrá que comparecer en una audiencia preliminar el próximo 30 de marzo.
“No sé qué la habría motivado a hacer lo que hizo, pero estoy bastante molesto por la imagen falsa que dio a conocer de mi hija”, dijo uno de los padres de las menores afectadas.
“Me besaron y me tocaron las partes privadas”: los testimonios de soldados latinas que denuncian abusos sexuales en el Ejército
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Gigi Lucero ingresó al Ejército de Estados Unidos cuando tenía 18 años y su primera asignación fue en Fort Hood, Texas, donde le tocó enfrentar lo que ella califica como discriminación. “Me hacían muchos piropos de latina, me decían que si iba a cocinar, que si yo hablaba spanglish, que si en México se habla mexicano”, recuerda Gigi. En el Ejército ser mujer y latina puede significar una mayor vulnerabilidad al acoso y al abuso sexual.
Cortesía: Gigi Lucero
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Lucero asegura que fue agredida sexualmente mientras servía en Irak. Su unidad estaba conformada por 250 hombres y solo seis mujeres. Un día mientras descansaba, relata que alguien le cubrió la cabeza con una bolsa de dormir. “Me sofocaron y me besaron, no sé quién me besó y me tocaron las partes privadas”, recuerda. Ella reportó el abuso a sus superiores: “Me quejé, pero no dije que alguien me violó. Yo dije que alguien me estaba molestando”. Asegura que lo hizo por temor a represalias y también por falta de confianza en el sistema. Gigi Lucero se acaba de retirar tras 20 años de servicio activo, pero el trauma por el abuso del que dice que fue víctima, no la abandona: “Es muy difícil, aún estoy en terapia y uso medicamentos. Esto fue en 2003 y hasta el día de hoy no puedo respirar el olor de un taller mecánico, mi vida sexual no existe con mi esposo porque me asusto”.
Cortesía: Gigi Lucero
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La discriminación por concepto de raza y género es un patrón que reconoce la veterana e investigadora Pamela Campos-Palma. “Y no debería suceder ya que los hispanos son el grupo que más crece dentro del Ejército. Hoy representan el 16 por ciento del servicio activo”.
Cortesía: Pamela Campos-Palma
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Según la investigadora “el sistema de justicia del Ejército no es real, no hay justicia. En 2018, 43% de las personas que dijeron que reportaron (abusos), también dijeron que había represalias, los castigaron”.
Cortesía: Pamela Campos-Palma
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Dentro de los latinos en las fuerzas armadas, el porcentaje de mujeres ha aumentado con fuerza: de 1.6% en 1973 a 17.8% en la actualidad, según cifras del Departamento de Defensa. Sin embargo, esto no se ha traducido en una mayor seguridad para ellas. Nancy Rodríguez cuenta su propia experiencia: “Fui a la oficina de mi supervisor a ayudarle y cuando fui a recoger las cosas de su escritorio, se arrimó y me dio un beso”.
Cortesía: Nancy Rodríguez
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Perla González explica cómo fue que abusaron de ella: "Se esperó hasta que yo me había quedado dormida y sintió que era el momento para él". La soldado también dice por qué no lo reportó: "Nos meten en la mente que tu carrera es más importante que nada (...) te dices: 'Pues no quiero reportarlo porque me voy a meter en problemas'".
Cortesía: Perla González
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Tristeza Ordex, veterana de la Marina, se cuestiona la realidad que viven las mujeres en la vida militar: “Dicen que si eres una mujer tienes que pagar un precio para ser parte de este club. ¿Pero cuál precio tenemos que pagar si ya estamos pagando, entregándoles nuestras vidas? Teniendo que ir para Irak, para Afganistán, donde nos llamen, ese es el precio que yo quería pagar”.
Cortesía: Tristeza Ordex
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La exmarine Nathalie Ocampo asegura: "Yo no conozco a ninguna amiga que estuvo en el Marine Corp conmigo que no ha sido discriminada, abusada, asaltada, violada". Según un informe del Departamento de Asuntos de Veteranos, 20% de las mujeres que solicitaron asistencia padecían de estrés postraumático relacionado con algún incidente sexual, aunque expertos sospechan que la cifra es más elevada, ya que sólo 1 de cada 3 miembros, reporta la agresión.
Cortesía: Nathalie Ocampo