Fritz, como John Reyes identifica a su fallecido suegro, dejó una herencia de valor incalculable a la familia que formó en la zona de Union Pico Boulevard, en Los Ángeles.
Sus hijas no lo sabían, lo descubrieron el año pasado se toparon con un estimado de 1 millón de monedas de 1 centavo y de cobre, en una especie de escondite en el sótano de la residencia de su papá.
En entrevista con KTLA, Torres explica que, al parecer, hasta su retiro laboral como carnicero en Hollywood, el inmigrante se dedicó a guardar monedas de 1 centavo, confiando en que entre ellas estaría alguna exótica, que más tarde valdría mucho más.
Las guardó en bolsas, cajas de cartón, envases y plásticos, pero murió antes de poder ir revisándolas y se llevó el secreto a la tumba.
Cuando Elizabeth, la esposa de John Reyes, fue con su hermana a poner la casa familiar en condiciones para que hijos y nietos pudieran disfrutarla, hallaron la millonaria colección.
¿Revisar cada moneda? No, querían depositarlos y acabar con el asunto.
"No caben ni en la bóveda": el rechazo a la herencia millonaria
El gran problema que vino con la herencia del suegro, explica John Reyes, es que ningún banco les quiere o puede aceptar el depósito. "No caben ni en la bóveda", recuerda que le respondió el gerente de un banco en Los Ángeles, al que llegaron con dos camionetas llenas de centavos.
Regresaron a casa con el botín y en ese recorrido están seguros deque muchos centavos se perdieron, pero poco más podían hacer. Intentaron lo mismo en San Bernardino y la respuesta fue idéntica.
Reyes dice que colocó una oferta por $25,000 a cambio del millón de centavos, pero las personas le quieren dar solo los $10,000 a los que equivaldrían.
A esta familia no le parece justo, pues nadie sabe si dentro de uno de esos bolsos está la moneda que cambiará para bien la suerte de otros.